Gran parte de la crítica atea moderna se basa en una comprensión equivocada de Dios como la instancia suprema dentro de la categoría del ser, en lugar de entender a Dios como el Ser mismo.
Dios no es un ser competitivo: muchos ateos conciben a Dios como "un ser superior" o un "objeto" más dentro del universo —un rival competitivo frente a la libertad y la existencia humana.
Ya lo dijo Santo Tomás de Aquino: Dios no es ens summum (el ser supremo o la cosa más grande), sino ipsum esse subsistens (el acto mismo de ser subsistente).
Dios no es una cosa en el mundo, sino el océano de ser del cual proviene todo el mundo.
Si se ve a Dios como un ser (aunque sea el más grande), se le coloca en la misma "pista de juego" ontológica que los seres creados, lo que lleva a la falsa conclusión de que si Dios existe, limita a la criatura, al contrario, Dios ama a la criatura, por eso la ha creado a su imagen y semejanza. Todos los hombres han sido creados por un acto de amor infinito de Dios.
No hay palabras para describir el amor de Dios por sus criaturas. Dios quiere que todos los hombres se salven. Llama a todos los hombres a ser felices eternamente en el Cielo, y nos ha creado para este fin y para esto ha venido Cristo al mundo, para dar testimonio de esta verdad, para esto ha muerto y ha resucitado para la salvación de todos.
El ateísmo a menudo ataca a un ídolo (una criatura superior) y no al Dios verdadero, que es la causa incondicionada del ser mismo, la razón del ateísmo simplemente es desconocimiento de Dios.
Dios no es el enemigo, el enemigo es el mal que los quiere hacer tropezar y perder (Satanás), el hombre puede caer en esta trampa haciendo uso de su libertad, es fácil caer cuando nos separamos de Dios, pues sin Él poco podemos hacer ante Satanás que es una criatura sobrenatural muy poderosa, solo junto a Cristo estamos a salvo.
El infierno no es otra cosa que la ausencia de Dios, la separación voluntaria de Dios.

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