Etiquetas

sábado, 9 de mayo de 2026

EN EL NUEVO TESTAMENTO HAY ESPÍSTOLAS ESCRITAS POR TESTIGOS DIRECTOS DE CRISTO

 

"En primer lugar les he enseñado la misma tradición que yo recibí, a saber, que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras;  que lo sepultaron y que resucitó al tercer día, también según las Escrituras;  y que se apareció a Cefas, y luego a los doce.  Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía, aunque algunos ya han muerto.  Después se apareció a Santiago, y luego a todos los apóstoles, y por último, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí.

(Corintios 15,3-7)

1 Corintios 15 es el decimoquinto capítulo de la Primera Epístola a los Corintios del apóstol Pablo. Los once primeros versículos son el primer registro de las apariciones de Jesús resucitado en el Nuevo Testamento.

El relato de las apariciones de la resurrección de Jesús en los versículos 3-7 parece ser una declaración de un credo pre-paulino temprano.

La antigüedad del credo ha sido localizada por la mayoría de los eruditos bíblicos a no más de cinco años después de la muerte de Jesús, probablemente procedente de la comunidad apostólica de Jerusalén. El credo es considerado históricamente fiable y está aceptado que preserva un testimonio único y verificable de la época.

El historiador, teólogo y exégeta británico Géza Vermes, dice que las palabras de Pablo son «una tradición que ha heredado de sus mayores en la fe en relación con la muerte, sepultura y resurrección de Jesús». De acuerdo a la epístola de Pablo a los Gálatas, él previamente se había reunido con dos de las personas mencionadas en estos versículos como testigos de la resurrección: Jacobo el Justo y Cefas/Pedro (el que lo negó) que fue testigo de la vida de Cristo y de su Resurrección:

"Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días" Gálatas 1:18

Por otra parte, incluso los estudiosos escépticos coinciden en que el credo de 1 Corintios 15 no es una interpolación, sino que era un credo formulado y de una fecha muy temprana después de la muerte de Jesús.

Gerd Lüdemann, un estudioso escéptico, sostiene que «los elementos de la tradición deben ser fechados en los dos primeros años después de la crucifixión de Jesús [...] a más tardar tres años [...]».Michael Goulder, otro estudioso escéptico, afirma que «se remonta al menos a lo que Pablo enseñó cuando se convirtió, un par de años después de la crucifixión».

Por otra parte, san Pedro, discípulo directo de Cristo, escribió dos epístolas que están incluidas en el Nuevo Testamento.

En una de ellas dice:

"Así pues, a los presbíteros entre vosotros, yo presbítero con ellos, testigo de la pasión de Cristo y partícipe de la gloria que se va a revelar, os exhorto: pastoread el rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo"

En otro lado explica por qué algunos no creen en Dios:

"Pero revestíos todos de humildad en el trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes."

Si los ateos no perdieran tanto tiempo en desgranar el Antiguo Testamento tratando de sacar errores y textos fuera de contexto, y leyeran el Nuevo Testamento que es la Nueva Alianza, descubrirían muchas cosas y no andarían diciendo que los evangelios y toda la Biblia se ha escrito millones de años después por gente que nunca conoció a Jesús.


lunes, 4 de mayo de 2026

LA TRADICIÓN NO SE OPONE A LA SAGRADA ESCRITURA

Al analizar brevemente la afirmación protestante según la cual “no hay más revelación ni autoridad doctrinal que la contenida en la Biblia”, vemos claramente que esta doctrina no es bíblica. En ningún lugar la Biblia dice eso, es más, la Biblia dice lo contrario, como podemos leer en diversos textos, por ejemplo, cuando San Juan escribe al final de su Evangelio: Hay, además de éstas, otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales, si se escribiesen una por una, ni en todo el mundo creo que cabrían los libros que se escribieran (Jn 21,25). Y finalizando su tercera carta escribe: Muchas cosas tenía que escribirte, mas no quiero escribirte con tinta y pluma; mas espero verte pronto, y hablaremos de viva voz (3Jn 13-14). 



 San Pablo, por su parte, manda que se transmita lo que se oyó: Lo que oíste de mí, garantizado por muchos testigos, esto confíalo a hombres fieles, quienes sean idóneos para enseñar a su vez a otros (2Tim 2,2); Conserva sin detrimento la forma de las palabras sanas que de mí oíste (2Tim 1,13). Por esto también nosotros damos gracias a Dios incesantemente de que, habiendo vosotros recibido la palabra de Dios, que de nosotros oísteis, la abrazasteis no como palabra de hombre, sino tal cual es verdaderamente, como palabra de Dios (1Tes 2,15); Os recomendamos, hermanos, en el hombre de nuestro Señor Jesucristo, que os retraigáis de todo hermano que ande desconcertadamente y no según la tradición que recibieron de nosotros (2Tes 3,6).

En la misma Biblia aparece indicado el valor de la tradición que viene de los apóstoles y la obligación de seguirla, como dice San Pablo: Sed mis imitadores, como lo soy de Cristo. Os alabo porque en todas las cosas os acordáis de mí y conserváis las tradiciones tal como os las he transmitido (1Co 11,1-2). 

La traducción protestante de la Biblia de Reina-Valera traduce “instrucciones”, para evitar usar la palabra “tradiciones”, término correcto para traducir la palabra empleada por el apóstol (parédoka-parádoesis) tradiciones que os transmití. ¿Por qué se ha cambiado la Palabra de Dios? La palabra griega para instrucciones es, entre otras, paideia, pero ésta nunca sustituye a la palabra tradición. La palabra griega para definir “tradición” es paradosis. Y el mismo Libro de Concordancias sobre el Nuevo Testamento Griego-Español, compilado por Jorge G. Parker y basado en la revisión de 1960 de la Reina-Valera (editado por la editora protestante “Mundo Hispano”), reconoce en su punto 3268 que la palabra paradosis es la utilizada en el pasaje de 1Co 11,1-2. 

El cambio ha sido hecho voluntariamente, por la incomodidad de esta expresión que recuerda uno de los errores fundamentales del protestantismo. En otras versiones protestantes la palabra tradición es cambiada por “doctrina”, pero doctrina se expresa en los términos didascalia, didaje, heterodidaskaleo, los cuales no son empleados en este texto ni tampoco sustituyen o suplen por “tradición”. 

Cuando la Iglesia católica enseña que la Revelación divina nos llega a través de dos fuentes, la Sagrada Escritura (Biblia) y la Tradición, por esta segunda no se refiere a las distintas interpretaciones u opiniones de escuelas teológicas nacidas ya sea en los primeros tiempos o a lo largo de la historia eclesiástica. Se trata de la Tradición Apostólica, como se puede ver, por ejemplo, en el Catecismo de la Iglesia católica: “la Tradición de la que aquí hablamos es la que viene de los apóstoles y transmite lo que éstos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo”. Esto, incluso, es de sentido común: toda nuestra fe se basa en la tradición o transmisión que se remonta a los apóstoles. 



La misma Biblia es parte de esa tradición. Los apóstoles no recibieron de Jesús ningún libro escrito y la mayoría de los apóstoles (todos los cuales recibieron el mandato de “ir y enseñar” por todo el mundo) no escribieron nada, sólo predicaron; los primeros cristianos no tuvieron en los primeros años ningún escrito, comenzaron primero algunas cartas de los apóstoles, luego se pusieron por escrito algunos de los Evangelios, y todo esto incluso no llegaba a todos los cristianos; algunos conocían unos textos y desconocían otros, o sabían de su existencia (como sabían que los corintios o los efesios habían recibido cartas de San Pablo pero no tenían copias). 

Muchos cristianos vivieron, crecieron y murieron sin tener textos escritos; y muchos que podían entrar en contacto con ellos, no encontraban ninguna utilidad en los mismos por ser analfabetos y no poder leerlos. La doctrina cristiana se transmitió, pues, de modo oral, como Tradición (tradición, paradosis en griego, significa entrega, traspaso de una doctrina). 

Al poner por escrito, algunos de ellos o sus colaboradores (como Marcos respecto de la predicación de Pedro y Lucas de la de Pablo), la enseñanza oral y la transmisión no se frenó. Es más, como ya hemos aducido más de una vez, algunos de ellos, como Juan, se apuraron a decir que no estaban en esos escritos contenidos todos los hechos y dichos de Nuestro Señor, y que muchas de las verdades enseñadas por Jesús preferían ellos mismos transmitirlas oralmente "Muchas cosas tenía que escribirte, mas no quiero escribirte con tinta y pluma; mas espero verte pronto, y hablaremos de viva voz" (3Jn 13-14). 

Los Apóstoles confiaron ambas cosas, sus escritos (parte de la Biblia) y sus enseñanzas orales, a la Iglesia, es decir, a sus sucesores. Todo esto que fue confiado lo llamamos depósito de la fe o depósito sagrado, usando las expresiones de San Pablo (1Tim 6,20: Timoteo, guarda el depósito; 2Tim 1,12-14: Estoy convencido de que –Dios– es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel Día. Ten por norma las palabras sanas que oíste de mí en la fe y en la caridad de Cristo Jesús. Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros). 


El Magisterio de la Iglesia, es decir, el oficio de magisterio o enseñanza, que desempeñan principalmente los sucesores de los Apóstoles y de modo especial Pedro,  no está por encima de lo que ha sido transmitido sino que su función es conservar, enseñar (según el mandato de Cristo, que no se agotó en los apóstoles), custodiar y defender, e interpretar (como indica el mismo Pedro en 2Pe, 1,20-21: Pero, ante todo, tened presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios). 

 La negación de una tradición como fuente de autoridad divina y de su poder de interpretación autorizada de la palabra de Dios, ha llevado a sus negadores a interminables disputas y a la anarquía doctrinal, y, en algunos casos, a la negación de todo dogma. Los escritos apostólicos y los libros que nosotros llamamos Antiguo Testamento circularon (junto a otros escritos, algunos atribuidos equivocadamente a algún apóstol, otros de algunos de los primeros Padres de la Iglesia) por separado casi durante los primeros cuatro siglos. Recién en el año 393 tenemos la más antigua –que conozcamos– decisión oficial de la Iglesia católica (era la única que existía), sobre la lista de los libros canónicos, indicando que “al margen de las Escrituras canónicas no se transmita en la Iglesia ningún otro libro como si fuese parte de las Escrituras divinas”; y a continuación se da el catálogo completo de los Libros Sagrados. 

Pocos años más tarde, los obispos reunidos en el Concilio de Cartago (norte de África) reiteraron este mismo canon, es decir, determinaron –con la autoridad que ellos reconocían tener heredada de los Apóstoles– cuáles escrituras eran Apostólicas y cuáles no. Ni Jesús ni los Apóstoles habían dejado ninguna lista de los libros inspirados por Dios; ni hacía falta, porque había dotado a su Iglesia del poder de discernir infaliblemente en este tema. 

Quien duda de la Iglesia (de su autoridad sobre el canon de la Biblia) termina por dudar de la misma Biblia. San Agustín decía con razón: “no creería en el Evangelio si no fuera por la Iglesia”. Baste lo dicho para comprender por qué la Tradición no se opone a la Sagrada Escritura, y por qué tendríamos toda la razón de responder a las preguntas protestantes (“¿dónde dice la Biblia que...?”) diciéndoles: “¿Y por qué tendría que estar necesariamente en la Biblia? ¿No puede estar, acaso en la Tradición, donde estuvo también la Biblia antes de ser puesta por escrito y antes de ser determinado qué era parte de la Biblia y qué no lo era?”. 

(Tomado del libro: ¿En dónde dice la Biblia que...? Respondiendo las principales objeciones de las sectas y de los protestantes, de Miguel Ángel Fuentes, IVE)

martes, 14 de abril de 2026

DOCE ERRORES DE LOS EVANGÉLICOS REFUTADOS CON SU MISMA BIBLIA REINA VALERA

 



Los ‘evangélicos’ dicen:

1.- Ya soy salvo y si muero me voy al cielo, no puedo perder la salvación.

El Evangelio enseña:

1.- Mas el que perseverare hasta el fin, ese se salvará” Mt 24,13

---------------------------------------------------------------------------------

Los ‘evangélicos’ dicen:

2.- Soy salvo solo por la fe, ni las obras ni la obediencia nos salvan.

El Evangelio enseña:

2.- “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos mucho milagros?

Y entonces les protestaré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de maldad.” Mt 7,21-23

“Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con Él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. Y serán reunidas delante de Él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos. Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda. Entonces el Rey dirá á los que estarán á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.

Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis á mí. Mt 25,31-36

Santiago 2:14

14 Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? 15 Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, 16 y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? 17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.

-------------------------------------------------------------------------------

Los ‘evangélicos’ dicen:

3.- Cristo no está presente en la Eucaristía eso es solamente algo simbólico.

El Evangelio enseña:

3.- “Yo soy el pan vivo que he descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. Entonces los Judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos su carne á comer?" Jn 6,51-52

“Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en Él. Jn 6,53-56

“Y muchos de sus discípulos oyéndolo, dijeron: Dura es esta palabra: ¿quién la puede oir? Jn 6,60

“Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con Él”. Jn 6,66

“Dijo entonces Jesús á los doce: ¿Queréis vosotros iros también? Y respondióle Simón Pedro: Señor, ¿á quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6,67-68

"Porque el que come y bebe sin discernir correctamente el cuerpo del Señor, come y bebe juicio para sí".1 Corintios 11:29

--------------------------------------------------------------------------------

Los ‘evangélicos’ dicen:

4.- Hay que confesarse directo con Dios, no con hombres pecadores.

El Evangelio enseña:

4.- “Entonces les dijo Jesús otra vez: Paz a vosotros: como me envió el Padre, así también yo os envío. Y como hubo dicho esto, sopló, y díjoles: Tomad el Espíritu Santo: A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: á quienes los retuviereis, serán retenidos. Jn 20,21-23

“De cierto os digo que todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatareis en la tierra, será desatado en el cielo. Mt 18,18

----------------------------------------------------------------------------------------

Los ‘evangélicos’ dicen:

5.- No hay que llamarle ‘Padre a nadie’ la Biblia lo prohíbe.

El Evangelio enseña:

5.- “Entonces Él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama. Lc 16,24

“Los mandamientos sabes: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra á tu padre y á tu madre. Lc 18,20

“Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti”. Lc 15,18

----------------------------------------------------------------------------------

Los ‘evangélicos’ dicen:

6.- Todo esta escrito en la Biblia, si no esta escrito no vale.

El Evangelio enseña:

6.- “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, que si se escribiesen cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén. Jn 21,25

“Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio á toda criatura. Mc 16,15

“Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, obrando”. Mc 16,20

-----------------------------------------------------------------------------------------

Los ‘evangélicos’ dicen:

7.- No hay que bautizar a los niños, ellos no entienden ni lo necesitan. Además, debe de hacerse sumergido en un río porque Jesucristo recibió el Espíritu Santo cuando bajo el agua.

El Evangelio enseña:

7.- ” Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”. Jn 3,5-6

Y luego, saliendo del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma, que descendía sobre Él” Mc 1,10.

----------------------------------------------------------------------------------

Los ‘evangélicos’ dicen”

8.- María es una mujer como otras, no hay que venerarla pues la Biblia no lo menciona.

El Evangelio enseña:

8.- “Y entrando el ángel á donde estaba, dijo, ¡Salve, muy favorecida! el Señor es contigo: bendita tú entre las mujeres”. Lc 1,28

“Y aconteció, que como oyó Elizabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elizabet fue llena del Espíritu Santo, Y exclamó a gran voz, y dijo. Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre”. Lc 1,41-42

“Porque he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones”. Lc 1,48

-----------------------------------------------------------------------------------

Los ‘evangélicos’ dicen:

9.- María no puede hacer nada porque esta muerta igual que los santos, y además la Biblia no dice que pueda interceder.

El Evangelio enseña:

9.- “Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Mt 22,32

Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesús. Mc 9,4

“Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen. Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora. Su madre dice a los que servían: Haced todo lo que os dijere… Y como el maestresala gustó el agua hecha vino”.Jn 2,3-9

--------------------------------------------------------------------------------------------

Los ‘evangélicos’ dicen:

10.- No hay que decir las mismas palabras al orar como en el Rosario. Repetirlas no es bíblico.

El Evangelio enseña:

10.- “Y (Jesús) volviéndose á ir, oró, repitiendo las mismas palabras. Mc 14,39

---------------------------------------------------------------------------------------------

Los ‘evangélicos’ dicen:

11.- Todos los apóstoles fueron iguales. Eso del Papa es un invento que no está en la Biblia. Pedro fue igual que los once.

El Evangelio enseña:

11.- “Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás: tú serás llamado Cephas (que quiere decir, Piedra)”. Jn 1,42

“Mas yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y á ti daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que ligares en la tierra será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos. Mt 16,18-19

“Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. Lc 22,31-32

“Y vino y los halló durmiendo; y dice a Pedro: ¿Simón, duermes? ¿No has podido velar una hora? Mc 14,37

“Y cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que estos? Dícele; Sí Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos.

Vuélvele á decir la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Respóndele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis ovejas.

Dícele la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y dícele: Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo. Dícele Jesús: Apacienta mis ovejas. Jn 21,15-17

------------------------------------------------------------------------------------------------

Los ‘evangélicos’ dicen:

12.- La Iglesia no importa, solo Cristo salva. Da lo mismo estar en cualquiera. Lo único necesario es aceptar a Cristo no a la Iglesia.

El Evangelio enseña:

12.- “El que a vosotros oye, a mí oye; y el que a vosotros desecha, a mí desecha; y el que a mí desecha, desecha al que me envió. Lc 10,16

“El que os recibe a vosotros, a mí recibe; y el que a mí recibe, recibe al que me envió. Mt 10,40

“Por tanto, si tu hermano pecare contra ti, ve, y repréndelo estando solos: si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo uno ó dos, para que en boca de dos ó de tres testigos conste toda palabra. Y si no oyere á ellos, dilo a la Iglesia: y si no oyere á la Iglesia, tenlo por gentil y publicano. Mt 18,15-17

“”Mas yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Mt 16,18


Autor: Martín Zavala M.P.



viernes, 10 de abril de 2026

¿PODRÍAN IR AL INFIERNO LOS QUE DESPRECIAN A LA VIRGEN MARÍA?

 


Hoy en día la Virgen María es atacada y despreciada por mucha gente y tristemente en su mayoría los que más la atacan e insultan se llaman a sí mismos "cristianos". Nos referimos a los evangélicos y protestantes. Y ante esta proliferación de "Haters" de María, nos hacemos esta pregunta:

¿Podrían ir al infierno los que desprecian a la Virgen María?

-Sí, podrían, ir, es muy probable según unas apariciones de la Virgen con el Niño en Tuy, Pontevedra, España.

Sor Lucía, vidente de Fátima, vivió como religiosa en España. cuando la Virgen se le volvió a aparecer, junto al Niño Jesús; estas visiones comenzaron el 10 de diciembre de 1925, en su habitación.

Se le aparece la Virgen sobre una nube de luz, con el Niño Jesús a su lado. La Sta. Virgen puso su mano sobre el hombro de Lucía, mientras en la otra sostenía su corazón rodeado de espinas. El Niño Jesús le dijo: "Ten compasión del Corazón de tu Santísima Madre. Esta cercado de las espinas que los hombres ingratos le clavan a cada momento, y no hay nadie que haga un acto de reparación para sacárselas."

Inmediatamente dijo Nuestra Señora a Lucía: "Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes. Tu, al menos, procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación"

Esta devoción de los cinco primeros sábados se debe a que hay cinco tipos de ofensas y blasfemias contra el Inmaculado Corazón de María".

Estas blasfemias son:

- Contra su Inmaculada Concepción,

- Contra su Virginidad perpetua,

- Contra su Divina Maternidad al rechazar reconocerla como Madre de todos los hombres.

-Las ofensas de aquellos que tratan de sembrar públicamente en los corazones de los niños indiferencia o incluso odio a la Virgen.

- Las ofensas de quienes la ultrajan en sus santas imágenes.

 "He aquí hija mía, por qué ante este Inmaculado Corazón ultrajado, se movió mi misericordia a pedir esta pequeña reparación, y, en atención a Ella, a conceder el perdón a las almas que tuvieran la desgracia de ofender a mi Madre. En cuanto a ti procura incesantemente con tus oraciones y sacrificios moverme a misericordia para con esas almas"

En febrero de 1926 se le apareció el Niño Jesús preguntándole si había difundido la devoción a su Santísima Madre. Lucía le contó las dificultades que tenía en llevar a cabo esta misión. Jesús le respondió que con su gracia bastaba.

A la luz de estas apariciones, queda claro que quien ofenda a nuestra Madre, ya sea por blasfemia, por negación de su grandeza, o por tratar de despreciar la devoción a Nuestra Señora en la Iglesia o en las almas, al mismo tiempo ofende a Dios y a su providencia.



LAS IMÁGENES DE JESÚS O MARÍA NO SON ÍDOLOS

 

Es sorprendente el grado de ignorancia que tienen los protestantes y evangélicos y cómo viven engañados con el tema de las imágenes por ejemplo. Ellos creen que las imágenes son ídolos, no se dan cuenta de que son "representaciones" de algo, es como las fotografías que ellos tienen de sus familiares por ejemplo.
Un ídolo es algo que sustituye a Dios. Si yo amo a algo más que a Dios, eso se convierte en ídolo, por ejemplo el dinero, o un cantante, o la moda etc...


Antiguamente no se podía representar a Dios porque no se había hecho humano, entonces la gente hacían imágenes de Becerros de oro y le daban culto por eso eran ídolos, esas imágenes eran de otros dioses que eran adorados por los idólatras. Desde que Cristo se hizo humano, lo podemos representar para "recordar los diferentes momentos de su vida", pero NO ADORAMOS LAS IMÁGENES, y también se puede representar a María y los santos, es como un recuerdo. Los protestantes también tienen imágenes de Lutero, hay estatuas, qué bien entienden ellos aquí que solo es una representación!


Es tan fácil como pensar lo siguiente: Si yo veo una imagen de la diosa artemisa, me imagino una diosa de la mitología, si yo veo una imagen de un becerro de oro, estoy viendo un simple becerro que no me dice nada, pero si veo una imagen de Jesucristo en la Cruz, estoy viendo al Hijo de Dios que se entregó por mí en la Cruz, estoy valorando sus sufrimientos, si veo a Jesús coronado de espinas, estoy pensando en los dolores tan profundos que tuvo que sufrir a causa de las espinas...cada imagen de Cristo me lleva a Cristo, ¿es malo pensar en Cristo? esto fue lo que le pasó a la gran santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, Madre de espirituales , fundadora del Carmelo Descalzo, esto fue lo que le pasó, que andaba floja en la fe y de pronto vio una imagen de un Cristo "muy llagado" como ella lo describe, y sintió tanta pena al pensar en esos tormentos, que esa fue su conversión definitiva.

Y lo mismo le ha pasado a otros muchos santos.
"Por sus frutos los conoceréis" las imágenes de Cristo , de María, de los santos, dan frutos de conversión, NO SON ÍDOLOS, no sustituyen a Dios, al contrario, nos llevan a Dios.

(Carmen de Jesús Crucificado O.C.D.S.)

jueves, 9 de abril de 2026

LOS VERDADEROS CREYENTES AMAN A DIOS DESINTERESADAMENTE

 


Una de las muchas cosas que los ateos critican a los creyentes es de actuar por interés para ganar el Cielo o por temor para no ir al infierno, y no dudo que hay creyentes así, son los que están todo el día pidiendo cosas a Dios y tratándolo como si fuera el genio de la lámpara mágica o el cajero de un banco. Pero como muchos ateos no profundizan, no se dan cuenta de que los verdaderos creyentes, al vislumbrar un poco de Dios, se enamoran de tal modo, que lo aman por lo que es, no por la recompensa prometida y...¿puede haber un amor más puro, más desinteresado que el de Dios por las criaturas? pues con ese amor (pero más imperfecto), ama a Dios el creyente. 

Porque Dios le concede luces a quien lo busca, por eso el creyente sabe que "tanto amó Dios al mundo..." sabe lo que le ha costado a Jesús la obra de la Redención , medita estos misterios y solo aspira a amar a Dios con toda su alma y por tanto a los demás pues sabe que ellos han sido rescatados con la Sangre de Cristo. Este es un amor "por gracia" , es un amor que no puede tener un ateo, que solo ama a los que le quieren y les caen bien, pero no ama a sus enemigos, ni ama a Dios, que es la manera más perfecta de amar pues solo Dios se merece un amor total y carente de todo interés mundano.

El creyente ama a Dios con toda su alma y la única recompensa es verlo dichoso en el Cielo, aliviado ya de todo sufrimiento (con respecto a Cristo que se sometió a la carne y padeció mucho por los pecadores).

La recompensa que anhela el cristiano es Cristo mismo y la Trinidad entera, pero esto se les escapa a los ateos de medio pelo que solo miran la superficie de las cosas.

Qué bien lo expresaba la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, fundadora de La Obra de la Iglesia, ella tuvo varias revelaciones místicas, ella dice:

"Siendo Dios todo en todos, y siendo todos Dios por participación, no habrá en el cielo más que Dios, porque todos nos amaremos unos a otros y nos gozaremos unos de otros, al ver en cada uno a Dios y cómo cada uno le ama y está en el grado máximo de amor puro, amándole según su capacidad.

Ya comprendo, Amor, por qué en el cielo todos nos amaremos tanto. Porque yo veré allí que todos tienen su alegría esencial en verte a ti tan dichoso; y, como todos están en ese grado máximo de amor que consiste en gozarse al verte a ti tan feliz, mi alma será también una acción de gracias a todas las almas porque te aman así.

Yo te daré gracias eternamente de que Tú seas tan dichoso, y te daré gracias eternamente, oh Amor, porque todos los seres que de ti participen tengan su mayor contento, estando en el grado máximo según su capacidad, en darte gracias de que Tú seas tan feliz".

(Carmen de Jesús Crucificado, O.C.D.S.)

martes, 24 de marzo de 2026

LOS ATEOS NO CREEN EN DIOS PORQUE NO LO CONOCEN

 



Gran parte de la crítica atea moderna se basa en una comprensión equivocada de Dios como la instancia suprema dentro de la categoría del ser, en lugar de entender a Dios como el Ser mismo. 

Dios no es un ser competitivo: muchos ateos conciben a Dios como "un ser superior" o un "objeto" más dentro del universo —un rival competitivo frente a la libertad y la existencia humana.

Ya lo dijo Santo Tomás de Aquino:  Dios no es ens summum (el ser supremo o la cosa más grande), sino ipsum esse subsistens (el acto mismo de ser subsistente). 

Dios no es una cosa en el mundo, sino el océano de ser del cual proviene todo el mundo.

Si se ve a Dios como un ser (aunque sea el más grande), se le coloca en la misma "pista de juego" ontológica que los seres creados, lo que lleva a la falsa conclusión de que si Dios existe, limita a la criatura, al contrario, Dios ama a la criatura, por eso la ha creado a su imagen y semejanza. Todos los hombres han sido creados por un acto de amor infinito de Dios.

No hay palabras para describir el amor de Dios por sus criaturas. Dios quiere que todos los hombres se salven. Llama a todos los hombres a ser felices eternamente en el Cielo, y  nos ha creado para este fin y para esto ha venido Cristo al mundo, para dar testimonio de esta verdad, para esto ha muerto y ha resucitado para la salvación de todos.

El ateísmo a menudo ataca a un ídolo (una criatura superior) y no al Dios verdadero, que es la causa incondicionada del ser mismo, la razón del ateísmo simplemente es desconocimiento de Dios.

Dios no es el enemigo, el enemigo es el mal que los quiere hacer tropezar y perder (Satanás), el hombre puede caer en esta trampa haciendo uso de su libertad, es fácil caer cuando nos separamos de Dios, pues sin Él poco podemos hacer ante Satanás que es una criatura sobrenatural muy poderosa, solo junto a Cristo estamos a salvo.

El infierno no es otra cosa que la ausencia de Dios, la separación voluntaria de Dios.


lunes, 16 de marzo de 2026

ATEÍSMO

 



 LAS DIFICULTADES DE UNA DEFINICIÓN. El término ateísmo (del griego a privativa y theos = Dios) es uno de los más ambiguos del lenguaje filosófico. Su único contenido definido viene dado por el prefijo a con el que se expresa una negación. Pero, ¿de qué es negación el ateísmo? 

Si nos atenemos a la etimología arriba indicada, el ateísmo es la negación de Dios, pero en frase de K. Rahner, «determinar dónde se encuentra el verdadero ateísmo depende del concepto preciso que se tenga de Dios». 

El ateísmo, así entendido es polémico: lo que para uno es afirmación de Dios, puede ser para otro expresión de ateísmo. Los primeros cristianos fueron tenidos por ateos, porque se negaban a sacrificar a los dioses paganos. Otros, en cambio, se consideran ateos, porque confunden a Dios con una imagen tan maltrecha de Él, que les parece imposible que pueda existir.

Si, ateniéndonos ahora al significado inmediato del término, definimos el ateísmo como la negación del teísmo, el panorama se clarifica notablemente, pero a costa de una serie de drásticas y problemáticas exclusiones. 

Por teísmo se entiende efectivamente la doctrina que reconoce la existencia de un Dios personal y trascendente, que actúa sobre el mundo que Él mismo ha creado. En este sentido se puede decir, en general, que el ateísmo niega lo que el teísmo afirma. 

Lo de menos es disponer de una definición redonda del fenómeno ateo y lo de más conocer de algún modo su naturaleza y los rostros diversos que ha tomado en la historia. Suele distinguirse a este respecto entre el ateísmo teórico y el práctico. Para caracterizarlos de algún modo, partiremos como dato de hecho de la idea de Dios, tal como suele concebirlo la tradición religiosa de la humanidad, a saber, como un ser trascendente, del que dependen en definitiva el mundo y el 'hombre. 

En este supuesto, el ateísmo teórico consiste sencillamente en la negación expresa de la existencia de Dios.

Por su parte, el ateísmo práctico consiste en vivir como si Dios no existiera, organizando decididamente la vida según un sistema de valores del que Dios está ausente. 

Dada la relación existente entre Dios y el orden moral, cuando una persona orienta su vida desde la exigencia absoluta del bien, la orienta en definitiva hacia Dios, el Bien absoluto.

Por ello, nada impide que un ateo teórico, negando explícitamente a Dios, lo afirme implícitamente en ese acto radical de libertad, por el que se compromete totalmente y elige el sentido de su vida. Como tampoco nada impide que un supuesto creyente, afirmando en teoría a Dios, lo niegue implícitamente en un acto radical de libertad de signo contrario. En definitiva, en frase de J. Maritain, el verdadero lugar del hombre se halla en la encrucijada entre el bien y el mal.

Para ahondar en la naturaleza del ateísmo teórico es útil clasificarlo ulteriormente en positivo y negativo: 

El ateísmo negativo se limita a rechazar la existencia de Dios, sin poner nada en su lugar. Se trata de un ateísmo superficial, como el de los libertinos del siglo XVII, que deja obviamente un vacío en el centro de una concepción de las cosas, que se había estructurado en torno a Dios, pero sin asumir la tarea de cambiarla. 

En cambio, el ateísmo positivo es un esfuerzo heroico y, en ocasiones, desesperado por reconstruir el entero universo humano, con todos sus valores, de acuerdo con el cambio radical que supone la negación de Dios. Tal es, para citar dos ejemplos bien conocidos, el ateísmo optimista y revolucionario de Marx y el trágico de Nietzsche.

El rasgo peculiar de este ateísmo es su carácter postulatorio. Aunque mantiene, como es obvio, una vertiente intelectual, su raíz está en la voluntad. Como dijo Unamuno en su época: « La mayoría de nuestros ateos quieren que Dios no exista». Y ello no por comodidad, sino por una pretendida exigencia de la propia dignidad humana. El punto de partida del ateísmo positivo es entonces un acto radical de libertad, que se sitúa en los antípodas de aquel, por el que el hombre se orienta hacia Dios. Se trata, al contrario, de un acto de elección moral, por el que una persona, al tomar postura ante el ,"sentido de su vida, confunde el paso al estado adulto con el rechazo, no sólo de la subordinación infantil, sino de toda subordinación, y se decide a abordar el bien y el mal en una experiencia total y absolutamente libre, de suerte que la posición del hombre como señor absoluto de su destino coincida exactamente con el rechazo de Dios. 

El ateísmo teórico encuentra así su propio ámbito de actuación práctica y deviene con ello ateísmo absoluto: por vez primera en la historia de la humanidad, se nos pone delante un ateísmo plenamente consciente y consecuente, que niega tan verdaderamente a Dios, que exige del hombre que lo destierre totalmente de su pensamiento y de su vida. Pero esto que acabamos de describir ¿qué otra cosa es sino una especie de acto de fe invertido? La toma de postura atea difiere del acto de fe del creyente en que, en lugar de ser una entrega libre a Dios, es un desafío libre a este mismo Dios trascendente. Como observa Maritain, el ateísmo absoluto es en el fondo una especie de compromiso religioso de gran estilo.

HISTORIA DEL ATEÍSMO. Un ateísmo así, en su tremenda radicalidad, es un fenómeno poscristiano. Ni en la antigua Grecia ni en las grandes culturas orientales se encuentra nada parecido. Pero hay motivos para preguntarse si se trata en todo ello de un auténtico ateísmo, ya que falta el punto de referencia: un Dios trascendente y personal de quien pueda negarse la existencia. 

El corte radical en la historia del ateísmo moderno lo lleva a cabo L. Feuerbach con su teoría de la proyección religiosa. El hombre se convierte ahora en el auténtico contenido del concepto Dios. El hombre, en efecto, crea a Dios a su imagen y semejanza, de acuerdo con sus deseos y necesidades. Dios es entonces algo así como el espejo soñado, en el que el hombre se mira a sí mismo, pero en forma de Otro. De ahí la acusación de alienación que Feuerbach hace a la conciencia religiosa. En la religión el hombre real está separado de sí mismo: adora en Dios a su propia esencia, considerada como un ser distinto de él. Hay que devolver, pues, al hombre lo que es suyo y reconocer que el único Dios del hombre es el mismo hombre, pero no como individuo, sino como especie. ¡Homo homini Deus!

El paradigma antropológico, introducido por Feuerbach, será llevado por Karl Marx (1819-1885) y S. Freud (1856-1939) al terreno de la sociología y la psicología profunda.

La idea de Feuerbach es básicamente ésta: "No es preciso matar a Dios para que el hombre viva: basta con hacer posible que el hombre viva y Dios morirá por sí mismo". El ateísmo deja de ser una doctrina y se convierte en un hecho. Freud, por su parte, explica la génesis de la idea de Diosa partir de la ambivalencia afectiva de amor y temor presente en la relación hijo-padre. «El Dios personal no es más que el padre transfigurado». En cualquier caso, la religión es una ilusión y una ilusión dañina, ya que mantiene al individuo en el estadio de sujeción infantil y le impide hacerse adulto y asumir, austera y responsablemente, la existencia en toda su dureza.

En este contexto, el grito de F. Nietzsche (1844-1900): «¡Dios ha muerto!» constituye a la vez un punto final y un nuevo comienzo. Un punto final, porque la muerte de Dios se concibe como el acto humanizador por excelencia: el hombre no deviene hombre hasta que no empuña en su mano el cuchillo deicida. 

Un nuevo comienzo, porque el ateísmo deja de ser optimista y deviene trágico. No basta con vencer a Dios: hay que vencer también la nada, que su muerte acarrea. Y así Nietzsche se queda entre el temor y la esperanza. La esperanza del ultrahombre, el heroico anticristo y antinihiiista que vencerá a Dios y a la nada. Y el temor al último hombre, el más despreciable y a la vez el más inextinguible, el que ha vencido a Dios, pero no ha podido vencer a la nada.

El modelo de ateísmo humanista es ulteriormente desarrollado por J. P. Sartre (1905-1980) y A. Camus (1913-1960). Para Sartre la negación de Dios es el presupuesto de un humanismo eficaz. La aceptación de Dios significaría para el hombre degradarse al nivel del objeto, dejarse determinar desde fuera por la ética del ser, abandonar la libertad a la que ha sido condenado. Camus, en cambio, rechaza a Dios como protesta contra el sufrimiento. «Allí donde sufre un niño inocente, no puede haber ningún Dios». El ateísmo es entonces la condición para una protesta activa contra el "sufrimiento y contra el mal, que constituye el destino que ha de asumir el hombre rebelado contra un mundo absurdo. 

La objeción atea  más fuerte y que se mantiene en pie con renovado vigor, es la que se apoya en la experiencia del "mal. Ante el sufrimiento de los inocentes fracasa todo intento redondo de explicación teológica. Sólo la cruz de Cristo señala un camino para superar teológicamente el ateísmo de la protesta, pues desde la muerte de Jesús en la cruz el sufrimiento ya no se experimenta como algo extraño a Dios mismo.



POSIBILIDAD Y LÍMITES DEL ATEÍSMO. El ateísmo es una realidad, pero no se puede olvidar que el ateísmo no es nunca lo primero. Lo primero es la afirmación de Dios. De ahí se deduce que no puede darse un ateísmo que descanse tranquilamente en sí mismo, ya que, por su mismo carácter secundario, se replantea necesariamente la cuestión de Dios como condición de posibilidad de su misma negación. 

Como ya advertimos anteriormente, la imposibilidad de un ateísmo despreocupado se muestra especialmente en el ámbito de la experiencia moral. En toda afirmación absoluta del bien -y lo mismo hay que decir de todo amor real al prójimo-, late una afirmación implícita de Dios, por mucho que el individuo en cuestión no logre objetivarla conceptualmente en un teísmo explícito. Por eso la teología ya no da hoy simplemente por probado que un ateísmo explícito sea siempre expresión de culpa moral. Más aún, reconoce en principio la posibilidad de salvación, también en hombres que se profesan ateos, mientras sean fieles a las obligaciones indispensables de la conciencia moral.

Como fenómeno poscristiano, el moderno ateísmo constituye el punto final del proceso de desmitificación del mundo y de liberación del sujeto, que tienen su origen histórico en la fe bíblica en Dios, y se presenta, paradójicamente, como un rechazo consciente de la misma fe que lo hizo posible. En este rechazo el ateísmo se comporta en ocasiones como ideología pseudorreligiosa de salvación, y se convierte así en expresión ilegítima del proceso desmitificador y liberador que la fe propició. Sin embargo, por enorme que sea en sí mismo este rechazo del Dios salvador, el ateísmo presenta también para la fe aspectos positivos, que es de justicia subrayar. Ante todo, el ateísmo constituye una prueba negativa de la inevitabilidad de Dios. Plantearse la cuestión de Dios, aunque sea para negar su existencia, es un hecho específicamente humano. Además, el ateísmo surge muchas veces como reacción crítica a los excesos antropomórficos del discurso religioso, y obliga así a los creyentes a purificar su imagen de Dios en la línea del Deus semper maiot: Finalmente, el ateísmo, sobre todo en la forma absoluta que le dieron Nietzsche y Sartre, ha puesto de relieve, de modo impresionante, que la muerte de Dios, para decirlo con L. Kolakowski, es la herida mortal del espíritu europeo, ya que juntamente con Dios caen también todos los grandes valores humanos. De este modo, el ateísmo ha liberado al hombre del mito de la autosalvación, dejándolo, como experimentó hondamente M. Heidegger, a solas con su nada, nostálgico del Dios perdido en la misma medida en que lo echa en falta. En este sentido, como apunta F. Morra, más grave que el ateísmo de la negación absoluta es el actual ateísmo de la indiferencia, que nace de la insensibilidad ante el problema de Dios y de la religión.

La obscuridad de Dios, su absoluta trascendencia, que se esconde en el misterio, hacen del ateísmo una dramática posibilidad del ser humano. Pero esta misma posibilidad es, como ya vio Marx, una especie de reconocimiento de Dios en negativo, una contraprueba de lo que X. Zubiri denominó la religación, como condición ontológica del ser personal. La existencia atea es una existencia desligada, porque, engañada por su aparente autosuficiencia, no ha llegado hasta el fondo de sí misma. En definitiva, como enseñó el Concilio Vaticano II, «todo hombre resulta para sí mismo un problema no resuelto, percibido con cierta oscuridad. Nadie en ciertos momentos, sobre todo en los acontecimientos más importantes de la vida, puede escapar del todo al interrogante referido. A este problema sólo Dios da respuesta plena y totalmente cierta» (GS 21).


E. Colomer

miércoles, 18 de febrero de 2026

JESÚS ERA DIOS


 

JESÚS AFIRMO QUE EL ERA EL HIJO DE DIOS EN SENTIDO NATURAL Y PROPIO.

HIJO EN SENTIDO NATURAL es aquél que por medio de la generación trae su origen de un viviente de naturaleza semejante; a saber tiene la misma naturaleza del Padre. La naturaleza no sería numéricamente diversa ni específicamente idéntica, como acontece en las generaciones humanas, sino que sería numéricamente la misma, ya que la naturaleza divina debe ser única.

JESÚS ERA DIOS. PRUEBAS:

JESÚS SE ASIGNA ATRIBUTOS DIVINOS.

 

a) Jesús se antepone a los príncipes de Israel ("aquí hay algo más que Salomón": S. Mateo 12,42; "Hay aquí algo más que Jonás": S. Mateo 12,41); igualmente se antepone al templo y a la ley de Yahvéh ("lo que hay aquí es más grande que el templo": S.Mateo 12,6; "el Hijo del hombre es Señor del sábado": S. Mateo 12,8).

 

Aparece en los evangelios como Señor superior a los ángeles: S. Mateo 13,41; 16,27; S. Marcos 13,32.

 

b) Jesús obra los milagros de tal manera que reclama para sí la potestad ilimitada y totalmente propia y absoluta, la cual también en aquél tiempo se atribuía exclusivamente a Dios. Y así por su sola voluntad sana a un leproso (S. Mateo 8,3); y cura a distancia al siervo del Centurión (S. Mateo 8,7): y sabe también que él hará resucitar a la hija de Jairo que había muerto (S. Marcos 5,35s); y sin ningún esfuerzo con su sola palabra calma la tempestad (S. Marcos 4,,39); y arroja a los demonios ejerciendo su poder sobre ellos y esto desde el principio de su vida pública (S. Marcos 1,25)...

 

Hace partícipes de estos poderes de, un modo absoluto a sus discípulos (S. Mateo 10,8); y sus discípulos los ejercen en nombre de El (S. Marcos 6,13; S. Lucas 10,17-19); y también otros arrojan demonios en nombre de Jesús (S. Lucas 9,49s).

 

JESÚS SE ATRIBUYE DE FORMA EQUIVALENTE UNA TITULARIDAD DIVINA IGUAL A LA DEL PADRE.

 

a) Se atribuye una potestad legislativa igual a la potestad del Padre. Por tanto la ley divina, que fue pronunciada por Yavhéh a los antepasados a saber a Moisés y a los Patriarcas de Israel (S. Mateo 5,21.27.31.33.38.43), Él Mismo la completa y la perfecciona (S. Mateo 5,22.28.34.39.44); Él Mismo rectifica (S. Mateo 5,32) el indulto divino acerca del libelo de repudio (Deut.24, 1); cambia la ley acerca del derecho del talión "ojo por ojo y diente por diente" (S. Mateo 5,38.42; Levitico 24,19.20). Ahora bien todo esto lo hace en la ley divina por propia potestad, no en virtud de una potestad meramente vicaria: "pero yo os digo... "; en efecto se trata de aquél que es también "Señor del sábado" (S. Mateo 12,8; véase, S. Juan 7,23).

 

b) Igualmente Jesús se adjudica el juicio para absolver pecados, el cual juicio es propio exclusivamente de Dios, y así se entendía en Israel (véase S. Mateo 9,3; S. Marcos 2,7); y no lo ejerce simplemente con potestad delegada y vicaria: y así afirma delante del paralítico que él tiene potestad de perdonar los pecados (S. Mateo 9,6); y perdona sus pecados a la mujer pecadora (S. Lucas 7,48-50); y comunica esta potestad a sus discípulos (S. Juan 20,23 y probablemente en S. Mateo 16,19; 18,18).

 

También Jesús mismo ejercerá al fin del mundo el juicio universal sobre todos los hombres de tal modo que El mismo va a enviar a sus ángeles (S. Mateo 13,41... ); y de tal forma que los condenados por El van a tener como castigo el apartarse de El (S. Mateo 7,23; véase, S. Mateo 24,29-31; 25,31-46; 26,64).

 

c) Jesús se constituye como el centro de todos los corazones y el objeto de la vida religiosa.

 

Jesús reclama para sí el amor por encima de todas las cosas, esto es el amor por encima del padre y de la madre y de los hijos (S .Mateo 10 , 3 7) ; la vida misma hay que entregarla por El (S. Mateo 10,39; 16,25); debemos seguirle rehusando totalmente nuestras cosas y negándonos a nosotros mismos, por más que tengamos que llevar la cruz de cada día (S. Mateo 10,38; 16,24; S. Lucas 9.23); si alguno le maldice a causa de El, será bienaventurado (S. Mateo 5,11); y hay que creer en El absolutamente bajo pena de condenación (S. Mateo 10,33).


Los argumentos anteriores se robustecen y se confirman en virtud de las claras expresiones con las que JESÚS PROFESA QUE EL ES EL HIJO DE DIOS EN SENTIDO NATURAL.

 

 (S. Mateo 11,27): todo me ha sido entregado παρεδόθη ) por mi Padre. Y nadie conoce ( έπιγιγνώσκει ) al Hijo (S. Lucas 10,22: nadie sabe quién es el Hijo) sino el Padre, y nadie conoce al Padre (S. Lucas: quién es el Padre) sino el Hijo y [aquél] a quien el Hijo quisiere revelárselo.

 

a) Según este texto el conocimiento del Hijo (quién es el Hijo, a saber quién es Jesús) es de tal naturaleza que ha sido reservado al Padre y es exclusivamente propio de Este. Ahora bien esto no puede decirse de una filiación meramente moral. Luego se trata de la filiación natural de tal índole que no puede ser entendida y penetrada por ninguna creatura ni puede ser conocida antes de la revelación.

 

b) Tampoco conoce nadie al Padre (quién es el Padre) sino el Hijo. Luego si el Hijo conoce esto en exclusiva, y solamente él entiende y penetra quién es el Padre, no se trata de un mero conocimiento abstracto de Dios, que es el que tienen los hombres, ni de un simple conocimiento intuitivo de Dios, que, según la doctrina de la revelación cristiana, podrían tenerlo las creaturas racionales; sino que se trata de algún conocimiento que no tiene que ser tenido con un entendimiento meramente creado y finito, sino que está reservado al entendimiento infinito, que posee el Hijo. Y éste podrá revelar a otros esto mismo: que existe en Dios la persona divina del Padre.

 

c) Según este texto existe también una coordinación del Hijo con el Padre, ya que atendiendo al paralelismo de los miembros el Hijo se comporta como el Padre por razón de la potencia cognostitiva y por razón del objeto conocido. Luego así como el Padre se entiende que es Dios, así también se entiende que el Hijo es Dios.

 

Partiendo de aquí quedarán más claras las palabras: Me han sido entregadas todas las cosas por mi Padre, a saber por medio de la generación también la naturaleza divina; y así como esto ha sido revelado por el Padre a los sencillos (V.25.26), así también el Hijo podrá revelar conocimientos correlativos acerca del Padre (V.27). Se confirma esto por el paralelismo con S. Mateo 28,18-20 donde Jesús, llegándose a los discípulos, les habló del mismo modo: "Se me ha dado todo el poder en el cielo y en la tierra" [me han sido entregadas todas las cosas por mi Padre]; y manda que los apóstoles hagan discípulos ( μαθητενσατε ) [aprended de mí]; y se enumera a sí mismo conjuntamente con la persona divina del Padre, de tal modo que todos los hombres deben ser bautizados y consagrados al nombre ( είς τό όνομα ) esto es a la majestad y a la dignidad de un solo Dios, a saber del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

SAN MATEO 16,13-20.

 

Versículo 13: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? (S. Marcos 8,27: ¿quien dice la gente que soy yo?; S. Lucas 9,18: ¿quién dice la gentes que soy yo?). Así Jesús pregunta en primer lugar qué piensan los otros, a saber las multitudes, respecto a su persona. La denominación del Hijo del hombre es en el Nuevo Testamento un nombre propio de Jesús, que se predica no como un nombre común sino que se dice exclusivamente de Jesús, y es solamente Jesús el que lo emplea, y cuando lo empleen otros, es sólo citando las palabras de Jesús o del Antiguo Testamento -este nombre contiene ya la mesianidad de su sujeto.

 

En el Versículo 14 responden los discípulos recibiendo las opiniones del pueblo. Unos le tienen como Juan Bautista (resucitado, véase S. Mateo 14,2), en cambio otros le tienen como Elías que debía venir de nuevo (véase, S. Mateo 17,10), o como Jeremías resucitado u otro de los profetas enviado para auxiliar al pueblo (véase, libro II de los Macabeos 15,14; 2,1-21; libro IV de Esdras 2,18).

 

En el Versículo 15 Jesús quiere que se contraponga a éstas opiniones del vulgo el criterio de los discípulos: vosotros, ¿quién decís que soy yo? Así pues no pregunta solamente acerca de su dignidad mesiánica, la cual debía suponerse ya conocida por los discípulos la cual estaba ya contenida con toda claridad en el nombre "del Hijo del hombre". Y por otra parte los discípulos mismos estaban persuadidos acerca de esta dignidad, según es de suponer; sino que Jesús pregunta sobre todo acerca de su naturaleza interna.




 

Versículo 16:-Tomando la palabra Simón, dijo: Tú eres el Cristo ( ό χριστός  , el Mesías), el Hijo de Dios vivo. όνίός τοΰ θεοΰ τοΰ ζώντος )) 

 

Versículo 17: Jesús acepta esta denominación: bienaventurado tu Simón Bar Iona [hijo de Juan, como yo soy el Hijo de Dios], porque no es la carne ni la sangre quien eso te ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos. Luego a Pedro, como a un niño en espíritu, le ha sido hecha la revelación de la que hablaba antes S. Mateo 11,25 acerca de la naturaleza interna de Jesús.

 

Versículos 18-20: Sigue Jesús hablando con Pedro con autoridad totalmente propia de El y absoluta: "Y yo te digo...; y sobre esta piedra edificaré mi iglesia...". De este modo habla acerca de su obra después de la profesión de su naturaleza interna, de un modo paralelo a como en S. Mateo 11,25-30 después de la manifestación de su divinidad hablaba acerca de su yugo y del modo como entrar a tomar parte de sus discípulos; y repetidamente en S. Mateo 28,18-20 ("Me ha sido dado todo poder... bautizándoles en el nombre... del Hijo... enseñándoles a observar todo [hacer discípulos]").

 

Jesús acepta y alaba la respuesta que ha dado Pedro acerca de El; es así que en esta respuesta se afirma la filiación divina natural de Jesús; luego sáquese la consecuencia.

 

En una ocasión solemnísima, al final de la vida pública de Jesús y poco antes de morir, en presencia del Sanedrín constituido solemnemente, y habiendo sido interrogado por el Sumo Pontífice con su autoridad suprema, Jesús confesó de modo manifiesto su divinidad.

 

S. MATEO 26,63: Y el Pontífice le dijo: te conjuro por Dios vivo; dí si eres tú el Mesías, el Hijo de Dios. (S. Marcos 14,61: ¿tú eres el Cristo, el Hijo de Dios bendito?). S. Lucas hablando de otra reunión del Sanedrín celebrada por la mañana distingue dos modos de interrogar; V.66: si tú eres el Cristo (el Mesías), dínoslo; V.70: ¿luego eres tú el Hijo de Dios?

 

A estas preguntas que le hacen a Jesús la noche de su pasión, contesta afirmando en sentido totalmente pleno que él es Hijo de Dios, S. Mateo 26,64: díjole Jesús: "Tú lo has dicho. Y os declaro que desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Padre, y venir sobre las nubes del cielo".



 

Y S. Lucas 22,70 nos transmite las palabras de Jesús pronunciadas al amanecer del día de su muerte: Yo soy.

 

Estas palabras todos las consideraron blasfemas; y por ello le condenaron a muerte.

 

Esta afirmación es escuchada como una blasfemia y con enorme horror (en efecto el Sumo Sacerdote se rasgó las vestiduras), y todos dijeron: "reo es de muerte...". En verdad no sería tal blasfemia si Jesús se hubiese atribuido solamente una filiación moral, o sea la misión mesiánica.

 

Entre las injurias de aquéllos que blasfemaban de Jesús cuando pendía de la cruz, sobresale ésta: Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz (S. Mateo 27,40), "Pues dijo: Soy el Hijo de Dios" (S. Mateo 27,43); lo cual en verdad no parecería que debía ponerse de relieve de este modo, si solo se tratara de una filiación moral, esto es de la mesianidad.

 

En el evangelio de S. Juan aparecen muchos textos en que Jesús de un modo manifiesto dice que Él es el Hijo de Dios, o bien se atribuye tales cualidades donde debe entenderse su filiación divina natural.

 

Entre los textos de S. Juan hay que citar principalmente los siguientes:


* Jesús se llama el Hijo de Dios: S. Juan 5,17.25; 8,35s; 11,4.27; 20,17.

* Afirma su pre-existencia: 3,13; 6,32; 8,58; 17,5; "salió" en efecto del Padre: 6,33.38.46.50ss.62; 7,16.28ss; 8,18.23.42; 11,42; 16,27; 17,8; "ha visto" al Padre: 3,11; 6,46; 8,38.

* Afirma la igualdad que tiene con Dios; y ciertamente en el obrar: 5,17ss.30; 8,18; 14,10; en el conocer: 10,15 (véase, S. Mateo 11,25ss); en el ser: 5,18; 10,30.33.36; 12,44ss; 14,7.10.20; 16,15; 17,10.21.

San Juan enseña de modo clarísimo en su evangelio esta divina filiación de Jesús de tal modo que tiende a ello todo su evangelio, según dice al final, "Para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre" (20,31); y declara solemnemente en el prólogo que se trata de la filiación natural, al decir: Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios (1,1); y dice que el Verbo hecho carne tiene la gloria como de Unigénito del Padre (1,14), esto es que tiene verdaderamente la gloria que es propia del Unigénito del Padre.

 

Cuando Jesús se llama Hijo de Dios (v.gr. S. Juan 5,17: "mi Padre sigue obrando todavía, y por eso obro yo también..."), los judíos lo entienden en el sentido de filiación natural: "por esto los judíos buscaban con más ahínco matarle, pues no solo quebrantaba el sábado sino que decía a Dios su Padre, haciéndose igual a Dios" (V.18). Lo cual Jesús no lo corrige de ningún modo, sino que lo confirma afirmando la unidad de su operación (y aún más la unidad de su naturaleza) con el Padre (V.19); igualmente afirma el juicio que le ha sido entregado y la comunidad de honor con el Padre, "a fin de que todos honren al Hijo así como honran al Padre" (V.22ss).

 

Esto mismo se afirma en S. Juan 10,30: Yo y el Padre somos una sola cosa. En efecto lamentándose Jesús de que le apedrearan los judíos, éstos le responden: "Por ninguna obra buena te apedreamos,.- sino por la blasfemia, porque, siendo hombre, te haces Dios" (V.33).

 

4. Y si Jesús responde (V.34ss) haciendo alusión a la Sagrada Escritura, que llama dioses a los jueces y a los hombres (véase, Salmos 82,6; 1 Cor. 8,5), esto no invalida la fuerza del argumento que hemos dado; sino que solamente muestra Jesús con un argumento "ad hominem" que ni siquiera por esto deben indignarse los judíos.

 

LOS TESTIMONIOS DE LOS APÓSTOLES. Acerca de la divinidad de Jesús confirman que Jesús tuvo esta persuasión y esta conciencia de su divinidad; y deben acudir como a fuente a este testimonio de Jesús sobre sí mismo.

 

Entre los muchísimos testimonios de los apóstoles, implícitos o explícitos, sobresalen en los Hechos de los Apóstoles las palabras de S. Pedro que aplica a Jesús el Salmo 109,1 acerca del Mesías-Señor de David (Hech. Ap. 2,34 puesto en relación con S. Mateo 22,43­45); igualmente S. Pedro llama a Jesús autor de la vida (Hech. Ap. 3,15).

 

en S. Pablo, además de la denominación de Kyrios aplicada a Jesús, con el cual nombre se designa ciertamente en los LXX a Yahvéh (Adonai), los textos de más renombre son los siguientes:

 

* Filipenses 2,5-7 al hablar de Jesucristo "quien, existiendo en la forma de Dios [teniendo naturaleza de Dios], no reputó codiciable tesoro mantenerse igual a Dios, antes se anonadó, tomando la forma de siervo [la naturaleza de hombre]...".




* En Tito 2,13 trata S. Pablo de la expectación de la bienaventurada esperanza en la venida gloriosa del gran Dios y salvador nuestro, Cristo Jesús.

* En Romanos 9,5 dice S. Pablo que según la carne procede del pueblo de Israel Cristo, que está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos.

* En Hebreos 1, lss se dice que Dios nos ha hablado en su Hijo, el cual el Apóstol le contrapone a los profetas (que eran hijos de Dios en sentido moral) y le pone como superior a los ángeles.

 

(TEOLOGÍA, MERCABA)


EN EL NUEVO TESTAMENTO HAY ESPÍSTOLAS ESCRITAS POR TESTIGOS DIRECTOS DE CRISTO

  " En primer lugar les he enseñado la misma tradición que yo recibí, a saber, que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escritu...