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sábado, 9 de mayo de 2026

EN EL NUEVO TESTAMENTO HAY ESPÍSTOLAS ESCRITAS POR TESTIGOS DIRECTOS DE CRISTO

 

"En primer lugar les he enseñado la misma tradición que yo recibí, a saber, que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras;  que lo sepultaron y que resucitó al tercer día, también según las Escrituras;  y que se apareció a Cefas, y luego a los doce.  Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez, la mayoría de los cuales vive todavía, aunque algunos ya han muerto.  Después se apareció a Santiago, y luego a todos los apóstoles, y por último, como a uno nacido fuera de tiempo, se me apareció también a mí.

(Corintios 15,3-7)

1 Corintios 15 es el decimoquinto capítulo de la Primera Epístola a los Corintios del apóstol Pablo. Los once primeros versículos son el primer registro de las apariciones de Jesús resucitado en el Nuevo Testamento.

El relato de las apariciones de la resurrección de Jesús en los versículos 3-7 parece ser una declaración de un credo pre-paulino temprano.

La antigüedad del credo ha sido localizada por la mayoría de los eruditos bíblicos a no más de cinco años después de la muerte de Jesús, probablemente procedente de la comunidad apostólica de Jerusalén. El credo es considerado históricamente fiable y está aceptado que preserva un testimonio único y verificable de la época.

El historiador, teólogo y exégeta británico Géza Vermes, dice que las palabras de Pablo son «una tradición que ha heredado de sus mayores en la fe en relación con la muerte, sepultura y resurrección de Jesús». De acuerdo a la epístola de Pablo a los Gálatas, él previamente se había reunido con dos de las personas mencionadas en estos versículos como testigos de la resurrección: Jacobo el Justo y Cefas/Pedro (el que lo negó) que fue testigo de la vida de Cristo y de su Resurrección:

"Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para ver a Pedro, y permanecí con él quince días" Gálatas 1:18

Por otra parte, incluso los estudiosos escépticos coinciden en que el credo de 1 Corintios 15 no es una interpolación, sino que era un credo formulado y de una fecha muy temprana después de la muerte de Jesús.

Gerd Lüdemann, un estudioso escéptico, sostiene que «los elementos de la tradición deben ser fechados en los dos primeros años después de la crucifixión de Jesús [...] a más tardar tres años [...]».Michael Goulder, otro estudioso escéptico, afirma que «se remonta al menos a lo que Pablo enseñó cuando se convirtió, un par de años después de la crucifixión».

Por otra parte, san Pedro, discípulo directo de Cristo, escribió dos epístolas que están incluidas en el Nuevo Testamento.

En una de ellas dice:

"Así pues, a los presbíteros entre vosotros, yo presbítero con ellos, testigo de la pasión de Cristo y partícipe de la gloria que se va a revelar, os exhorto: pastoread el rebaño de Dios que tenéis a vuestro cargo"

En otro lado explica por qué algunos no creen en Dios:

"Pero revestíos todos de humildad en el trato mutuo, porque Dios resiste a los soberbios, mas da su gracia a los humildes."

Si los ateos no perdieran tanto tiempo en desgranar el Antiguo Testamento tratando de sacar errores y textos fuera de contexto, y leyeran el Nuevo Testamento que es la Nueva Alianza, descubrirían muchas cosas y no andarían diciendo que los evangelios y toda la Biblia se ha escrito millones de años después por gente que nunca conoció a Jesús.


jueves, 9 de abril de 2026

LOS VERDADEROS CREYENTES AMAN A DIOS DESINTERESADAMENTE

 


Una de las muchas cosas que los ateos critican a los creyentes es de actuar por interés para ganar el Cielo o por temor para no ir al infierno, y no dudo que hay creyentes así, son los que están todo el día pidiendo cosas a Dios y tratándolo como si fuera el genio de la lámpara mágica o el cajero de un banco. Pero como muchos ateos no profundizan, no se dan cuenta de que los verdaderos creyentes, al vislumbrar un poco de Dios, se enamoran de tal modo, que lo aman por lo que es, no por la recompensa prometida y...¿puede haber un amor más puro, más desinteresado que el de Dios por las criaturas? pues con ese amor (pero más imperfecto), ama a Dios el creyente. 

Porque Dios le concede luces a quien lo busca, por eso el creyente sabe que "tanto amó Dios al mundo..." sabe lo que le ha costado a Jesús la obra de la Redención , medita estos misterios y solo aspira a amar a Dios con toda su alma y por tanto a los demás pues sabe que ellos han sido rescatados con la Sangre de Cristo. Este es un amor "por gracia" , es un amor que no puede tener un ateo, que solo ama a los que le quieren y les caen bien, pero no ama a sus enemigos, ni ama a Dios, que es la manera más perfecta de amar pues solo Dios se merece un amor total y carente de todo interés mundano.

El creyente ama a Dios con toda su alma y la única recompensa es verlo dichoso en el Cielo, aliviado ya de todo sufrimiento (con respecto a Cristo que se sometió a la carne y padeció mucho por los pecadores).

La recompensa que anhela el cristiano es Cristo mismo y la Trinidad entera, pero esto se les escapa a los ateos de medio pelo que solo miran la superficie de las cosas.

Qué bien lo expresaba la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, fundadora de La Obra de la Iglesia, ella tuvo varias revelaciones místicas, ella dice:

"Siendo Dios todo en todos, y siendo todos Dios por participación, no habrá en el cielo más que Dios, porque todos nos amaremos unos a otros y nos gozaremos unos de otros, al ver en cada uno a Dios y cómo cada uno le ama y está en el grado máximo de amor puro, amándole según su capacidad.

Ya comprendo, Amor, por qué en el cielo todos nos amaremos tanto. Porque yo veré allí que todos tienen su alegría esencial en verte a ti tan dichoso; y, como todos están en ese grado máximo de amor que consiste en gozarse al verte a ti tan feliz, mi alma será también una acción de gracias a todas las almas porque te aman así.

Yo te daré gracias eternamente de que Tú seas tan dichoso, y te daré gracias eternamente, oh Amor, porque todos los seres que de ti participen tengan su mayor contento, estando en el grado máximo según su capacidad, en darte gracias de que Tú seas tan feliz".

(Carmen de Jesús Crucificado, O.C.D.S.)

martes, 24 de marzo de 2026

LOS ATEOS NO CREEN EN DIOS PORQUE NO LO CONOCEN

 



Gran parte de la crítica atea moderna se basa en una comprensión equivocada de Dios como la instancia suprema dentro de la categoría del ser, en lugar de entender a Dios como el Ser mismo. 

Dios no es un ser competitivo: muchos ateos conciben a Dios como "un ser superior" o un "objeto" más dentro del universo —un rival competitivo frente a la libertad y la existencia humana.

Ya lo dijo Santo Tomás de Aquino:  Dios no es ens summum (el ser supremo o la cosa más grande), sino ipsum esse subsistens (el acto mismo de ser subsistente). 

Dios no es una cosa en el mundo, sino el océano de ser del cual proviene todo el mundo.

Si se ve a Dios como un ser (aunque sea el más grande), se le coloca en la misma "pista de juego" ontológica que los seres creados, lo que lleva a la falsa conclusión de que si Dios existe, limita a la criatura, al contrario, Dios ama a la criatura, por eso la ha creado a su imagen y semejanza. Todos los hombres han sido creados por un acto de amor infinito de Dios.

No hay palabras para describir el amor de Dios por sus criaturas. Dios quiere que todos los hombres se salven. Llama a todos los hombres a ser felices eternamente en el Cielo, y  nos ha creado para este fin y para esto ha venido Cristo al mundo, para dar testimonio de esta verdad, para esto ha muerto y ha resucitado para la salvación de todos.

El ateísmo a menudo ataca a un ídolo (una criatura superior) y no al Dios verdadero, que es la causa incondicionada del ser mismo, la razón del ateísmo simplemente es desconocimiento de Dios.

Dios no es el enemigo, el enemigo es el mal que los quiere hacer tropezar y perder (Satanás), el hombre puede caer en esta trampa haciendo uso de su libertad, es fácil caer cuando nos separamos de Dios, pues sin Él poco podemos hacer ante Satanás que es una criatura sobrenatural muy poderosa, solo junto a Cristo estamos a salvo.

El infierno no es otra cosa que la ausencia de Dios, la separación voluntaria de Dios.


lunes, 16 de marzo de 2026

ATEÍSMO

 



 LAS DIFICULTADES DE UNA DEFINICIÓN. El término ateísmo (del griego a privativa y theos = Dios) es uno de los más ambiguos del lenguaje filosófico. Su único contenido definido viene dado por el prefijo a con el que se expresa una negación. Pero, ¿de qué es negación el ateísmo? 

Si nos atenemos a la etimología arriba indicada, el ateísmo es la negación de Dios, pero en frase de K. Rahner, «determinar dónde se encuentra el verdadero ateísmo depende del concepto preciso que se tenga de Dios». 

El ateísmo, así entendido es polémico: lo que para uno es afirmación de Dios, puede ser para otro expresión de ateísmo. Los primeros cristianos fueron tenidos por ateos, porque se negaban a sacrificar a los dioses paganos. Otros, en cambio, se consideran ateos, porque confunden a Dios con una imagen tan maltrecha de Él, que les parece imposible que pueda existir.

Si, ateniéndonos ahora al significado inmediato del término, definimos el ateísmo como la negación del teísmo, el panorama se clarifica notablemente, pero a costa de una serie de drásticas y problemáticas exclusiones. 

Por teísmo se entiende efectivamente la doctrina que reconoce la existencia de un Dios personal y trascendente, que actúa sobre el mundo que Él mismo ha creado. En este sentido se puede decir, en general, que el ateísmo niega lo que el teísmo afirma. 

Lo de menos es disponer de una definición redonda del fenómeno ateo y lo de más conocer de algún modo su naturaleza y los rostros diversos que ha tomado en la historia. Suele distinguirse a este respecto entre el ateísmo teórico y el práctico. Para caracterizarlos de algún modo, partiremos como dato de hecho de la idea de Dios, tal como suele concebirlo la tradición religiosa de la humanidad, a saber, como un ser trascendente, del que dependen en definitiva el mundo y el 'hombre. 

En este supuesto, el ateísmo teórico consiste sencillamente en la negación expresa de la existencia de Dios.

Por su parte, el ateísmo práctico consiste en vivir como si Dios no existiera, organizando decididamente la vida según un sistema de valores del que Dios está ausente. 

Dada la relación existente entre Dios y el orden moral, cuando una persona orienta su vida desde la exigencia absoluta del bien, la orienta en definitiva hacia Dios, el Bien absoluto.

Por ello, nada impide que un ateo teórico, negando explícitamente a Dios, lo afirme implícitamente en ese acto radical de libertad, por el que se compromete totalmente y elige el sentido de su vida. Como tampoco nada impide que un supuesto creyente, afirmando en teoría a Dios, lo niegue implícitamente en un acto radical de libertad de signo contrario. En definitiva, en frase de J. Maritain, el verdadero lugar del hombre se halla en la encrucijada entre el bien y el mal.

Para ahondar en la naturaleza del ateísmo teórico es útil clasificarlo ulteriormente en positivo y negativo: 

El ateísmo negativo se limita a rechazar la existencia de Dios, sin poner nada en su lugar. Se trata de un ateísmo superficial, como el de los libertinos del siglo XVII, que deja obviamente un vacío en el centro de una concepción de las cosas, que se había estructurado en torno a Dios, pero sin asumir la tarea de cambiarla. 

En cambio, el ateísmo positivo es un esfuerzo heroico y, en ocasiones, desesperado por reconstruir el entero universo humano, con todos sus valores, de acuerdo con el cambio radical que supone la negación de Dios. Tal es, para citar dos ejemplos bien conocidos, el ateísmo optimista y revolucionario de Marx y el trágico de Nietzsche.

El rasgo peculiar de este ateísmo es su carácter postulatorio. Aunque mantiene, como es obvio, una vertiente intelectual, su raíz está en la voluntad. Como dijo Unamuno en su época: « La mayoría de nuestros ateos quieren que Dios no exista». Y ello no por comodidad, sino por una pretendida exigencia de la propia dignidad humana. El punto de partida del ateísmo positivo es entonces un acto radical de libertad, que se sitúa en los antípodas de aquel, por el que el hombre se orienta hacia Dios. Se trata, al contrario, de un acto de elección moral, por el que una persona, al tomar postura ante el ,"sentido de su vida, confunde el paso al estado adulto con el rechazo, no sólo de la subordinación infantil, sino de toda subordinación, y se decide a abordar el bien y el mal en una experiencia total y absolutamente libre, de suerte que la posición del hombre como señor absoluto de su destino coincida exactamente con el rechazo de Dios. 

El ateísmo teórico encuentra así su propio ámbito de actuación práctica y deviene con ello ateísmo absoluto: por vez primera en la historia de la humanidad, se nos pone delante un ateísmo plenamente consciente y consecuente, que niega tan verdaderamente a Dios, que exige del hombre que lo destierre totalmente de su pensamiento y de su vida. Pero esto que acabamos de describir ¿qué otra cosa es sino una especie de acto de fe invertido? La toma de postura atea difiere del acto de fe del creyente en que, en lugar de ser una entrega libre a Dios, es un desafío libre a este mismo Dios trascendente. Como observa Maritain, el ateísmo absoluto es en el fondo una especie de compromiso religioso de gran estilo.

HISTORIA DEL ATEÍSMO. Un ateísmo así, en su tremenda radicalidad, es un fenómeno poscristiano. Ni en la antigua Grecia ni en las grandes culturas orientales se encuentra nada parecido. Pero hay motivos para preguntarse si se trata en todo ello de un auténtico ateísmo, ya que falta el punto de referencia: un Dios trascendente y personal de quien pueda negarse la existencia. 

El corte radical en la historia del ateísmo moderno lo lleva a cabo L. Feuerbach con su teoría de la proyección religiosa. El hombre se convierte ahora en el auténtico contenido del concepto Dios. El hombre, en efecto, crea a Dios a su imagen y semejanza, de acuerdo con sus deseos y necesidades. Dios es entonces algo así como el espejo soñado, en el que el hombre se mira a sí mismo, pero en forma de Otro. De ahí la acusación de alienación que Feuerbach hace a la conciencia religiosa. En la religión el hombre real está separado de sí mismo: adora en Dios a su propia esencia, considerada como un ser distinto de él. Hay que devolver, pues, al hombre lo que es suyo y reconocer que el único Dios del hombre es el mismo hombre, pero no como individuo, sino como especie. ¡Homo homini Deus!

El paradigma antropológico, introducido por Feuerbach, será llevado por Karl Marx (1819-1885) y S. Freud (1856-1939) al terreno de la sociología y la psicología profunda.

La idea de Feuerbach es básicamente ésta: "No es preciso matar a Dios para que el hombre viva: basta con hacer posible que el hombre viva y Dios morirá por sí mismo". El ateísmo deja de ser una doctrina y se convierte en un hecho. Freud, por su parte, explica la génesis de la idea de Diosa partir de la ambivalencia afectiva de amor y temor presente en la relación hijo-padre. «El Dios personal no es más que el padre transfigurado». En cualquier caso, la religión es una ilusión y una ilusión dañina, ya que mantiene al individuo en el estadio de sujeción infantil y le impide hacerse adulto y asumir, austera y responsablemente, la existencia en toda su dureza.

En este contexto, el grito de F. Nietzsche (1844-1900): «¡Dios ha muerto!» constituye a la vez un punto final y un nuevo comienzo. Un punto final, porque la muerte de Dios se concibe como el acto humanizador por excelencia: el hombre no deviene hombre hasta que no empuña en su mano el cuchillo deicida. 

Un nuevo comienzo, porque el ateísmo deja de ser optimista y deviene trágico. No basta con vencer a Dios: hay que vencer también la nada, que su muerte acarrea. Y así Nietzsche se queda entre el temor y la esperanza. La esperanza del ultrahombre, el heroico anticristo y antinihiiista que vencerá a Dios y a la nada. Y el temor al último hombre, el más despreciable y a la vez el más inextinguible, el que ha vencido a Dios, pero no ha podido vencer a la nada.

El modelo de ateísmo humanista es ulteriormente desarrollado por J. P. Sartre (1905-1980) y A. Camus (1913-1960). Para Sartre la negación de Dios es el presupuesto de un humanismo eficaz. La aceptación de Dios significaría para el hombre degradarse al nivel del objeto, dejarse determinar desde fuera por la ética del ser, abandonar la libertad a la que ha sido condenado. Camus, en cambio, rechaza a Dios como protesta contra el sufrimiento. «Allí donde sufre un niño inocente, no puede haber ningún Dios». El ateísmo es entonces la condición para una protesta activa contra el "sufrimiento y contra el mal, que constituye el destino que ha de asumir el hombre rebelado contra un mundo absurdo. 

La objeción atea  más fuerte y que se mantiene en pie con renovado vigor, es la que se apoya en la experiencia del "mal. Ante el sufrimiento de los inocentes fracasa todo intento redondo de explicación teológica. Sólo la cruz de Cristo señala un camino para superar teológicamente el ateísmo de la protesta, pues desde la muerte de Jesús en la cruz el sufrimiento ya no se experimenta como algo extraño a Dios mismo.



POSIBILIDAD Y LÍMITES DEL ATEÍSMO. El ateísmo es una realidad, pero no se puede olvidar que el ateísmo no es nunca lo primero. Lo primero es la afirmación de Dios. De ahí se deduce que no puede darse un ateísmo que descanse tranquilamente en sí mismo, ya que, por su mismo carácter secundario, se replantea necesariamente la cuestión de Dios como condición de posibilidad de su misma negación. 

Como ya advertimos anteriormente, la imposibilidad de un ateísmo despreocupado se muestra especialmente en el ámbito de la experiencia moral. En toda afirmación absoluta del bien -y lo mismo hay que decir de todo amor real al prójimo-, late una afirmación implícita de Dios, por mucho que el individuo en cuestión no logre objetivarla conceptualmente en un teísmo explícito. Por eso la teología ya no da hoy simplemente por probado que un ateísmo explícito sea siempre expresión de culpa moral. Más aún, reconoce en principio la posibilidad de salvación, también en hombres que se profesan ateos, mientras sean fieles a las obligaciones indispensables de la conciencia moral.

Como fenómeno poscristiano, el moderno ateísmo constituye el punto final del proceso de desmitificación del mundo y de liberación del sujeto, que tienen su origen histórico en la fe bíblica en Dios, y se presenta, paradójicamente, como un rechazo consciente de la misma fe que lo hizo posible. En este rechazo el ateísmo se comporta en ocasiones como ideología pseudorreligiosa de salvación, y se convierte así en expresión ilegítima del proceso desmitificador y liberador que la fe propició. Sin embargo, por enorme que sea en sí mismo este rechazo del Dios salvador, el ateísmo presenta también para la fe aspectos positivos, que es de justicia subrayar. Ante todo, el ateísmo constituye una prueba negativa de la inevitabilidad de Dios. Plantearse la cuestión de Dios, aunque sea para negar su existencia, es un hecho específicamente humano. Además, el ateísmo surge muchas veces como reacción crítica a los excesos antropomórficos del discurso religioso, y obliga así a los creyentes a purificar su imagen de Dios en la línea del Deus semper maiot: Finalmente, el ateísmo, sobre todo en la forma absoluta que le dieron Nietzsche y Sartre, ha puesto de relieve, de modo impresionante, que la muerte de Dios, para decirlo con L. Kolakowski, es la herida mortal del espíritu europeo, ya que juntamente con Dios caen también todos los grandes valores humanos. De este modo, el ateísmo ha liberado al hombre del mito de la autosalvación, dejándolo, como experimentó hondamente M. Heidegger, a solas con su nada, nostálgico del Dios perdido en la misma medida en que lo echa en falta. En este sentido, como apunta F. Morra, más grave que el ateísmo de la negación absoluta es el actual ateísmo de la indiferencia, que nace de la insensibilidad ante el problema de Dios y de la religión.

La obscuridad de Dios, su absoluta trascendencia, que se esconde en el misterio, hacen del ateísmo una dramática posibilidad del ser humano. Pero esta misma posibilidad es, como ya vio Marx, una especie de reconocimiento de Dios en negativo, una contraprueba de lo que X. Zubiri denominó la religación, como condición ontológica del ser personal. La existencia atea es una existencia desligada, porque, engañada por su aparente autosuficiencia, no ha llegado hasta el fondo de sí misma. En definitiva, como enseñó el Concilio Vaticano II, «todo hombre resulta para sí mismo un problema no resuelto, percibido con cierta oscuridad. Nadie en ciertos momentos, sobre todo en los acontecimientos más importantes de la vida, puede escapar del todo al interrogante referido. A este problema sólo Dios da respuesta plena y totalmente cierta» (GS 21).


E. Colomer

martes, 17 de febrero de 2026

EL PRINCIPIO ANTRÓPICO MANUEL CARREIRA, SJ

 


A partir de la década de los treinta se da una reacción que afirma, cada vez con argumentos más fuertes y detallados, que el hombre está en un tiempo y en un lugar atípicos y privilegiados en muchos aspectos.

No solo debemos dar razón de que el universo exista, sino de que exista de tal manera y con tales propiedades que la vida inteligente pueda desarrollarse en él. Tal es la razón de que se formule el principio antrópico, en que el hombre aparece como condición determinante de que el universo sea como es.

Las primeras sugerencias de una conexión entre vida inteligente y las propiedades del universo en su momento actual aparecen en las relaciones adimensionales hechas notar por Eddington: la razón de intensidad entre fuerza electromagnética y fuerza gravitatoria, entre la edad del universo y el tiempo en que la luz cruza el diámetro clásico de un electrón, entre el radio del universo observable y el tamaño de una partícula subatómica, nos da cifras del orden de diez elevado a la potencia 40. 

El número de partículas nucleares en todo el cosmos se estima como el cuadrado de ese mismo número. ¿Son éstas coincidencias pueriles o esconden un significado profundo? Cualquier variación en los parámetros fundamentales de la materia  llevaría en sus consecuencias calculables a una imposibilidad de evolución hasta el nivel humano. 

Por tanto, el universo debe poseer desde su primer instante las condiciones que permitirán su evolución hacia la vida y su realización en algún momento de su historia: es el principio antrópico fuerte.

Al hacer un resumen de las diversas formulaciones del principio antrópico, podemos aceptar su denominador común: el universo tiene características, al parecer no impuestas por ninguna necesidad física previa, gracias a las cuales es posible la vida inteligente, al menos en nuestro planeta. 

Si nos preguntamos por la razón de que así sea, aparecen como posibles dos soluciones: o bien nuestro universo las tiene “por casualidad” o porque ha sido diseñado para nuestra existencia. Veamos las implicaciones de ambas con un análisis cuidadoso del significado de cada concepto y de sus consecuencias físicas y filosóficas.

EL AZAR COMO ALTERNATIVA

Aceptar que todos los parámetros físicos iniciales tienen el conjunto de valores y relaciones que permiten la vida futura sólo por casualidad, no tiene sentido en el caso de un solo universo, pues el azar es correlativo de la probabilidad de diversos resultados en muchos casos similares. 

Los proponentes de esta solución acuden, en consecuencia, a la hipótesis de infinitos universos, simultáneos, o consecutivos. La inmensa mayoría de ellos serán estériles, pues es mucho más probable cualquier variación incompatible con la vida que la coincidencia de todos los parámetros adecuados. Pero en tal conjunto infinito deben darse todas las posibilidades, incluyendo el universo que habitamos: nuestra existencia es el resultado lógico de la infinita variabilidad de condiciones iniciales que no “prevén” al hombre, sino que llevan a él necesariamente en algún lugar y momento.

La infinitud sucesiva de universos se sugiere como modo de evitar también los problemas de origen y de fin. En un universo cerrado, cuya expansión da lugar a contracción y colapso, se espera un nuevo Big Bang al final de cada ciclo, con una restructuración de todas las propiedades físicas, desde la dimensionalidad del espacio hasta el número, tipo de fuerzas y de partículas elementales, pero resulta que ni los datos experimentales ni las teorías aceptables permiten el colapso, ni es evitable un total derrumbe de la materia en un agujero negro en caso de ocurrir.

Tampoco hay base científica para sugerir un rebote explosivo del agujero negro: no hay un paralelismo entre el Big Bang, que ocurre sin espacio circundante ni etapa difusa previa, y el supuesto rebote en un espacio ya existente y después de una contracción impuesta por la atracción gravitatoria entre las grandes masas de los cúmulos de las galaxias, cuya velocidad llegaría a frenarse totalmente antes de comenzar la segunda parte del ciclo. 

La radiación no es frenada y cada ciclo comenzaría con un porcentaje menor de masa y con más radiación como resultado de la evolución estelar.

De esta manera se excluye la posibilidad de infinitos ciclos en el pasado (incompatibles con la entropía del universo en la actualidad), y se debe predecir un universo abierto después de un número finito de ciclos en el futuro. 

Así lo demostraron Tolman —hace más de 60 años— y más tarde Novikov y Zeldovich, Dicke y Peebles.

No es tampoco aceptable como teoría física la de Hawking, de un universo sin principio ni fin, porque es cíclico en un “tiempo imaginario”. El mismo Hawking admite que en el tiempo real el universo tuvo principio, mientras siguen con todo su valor las medidas de densidad y otros parámetros que precluyen el colapso.


UN CREADOR QUE DISEÑA EL UNIVERSO

Queda pues, como única solución explícita a la adecuación del universo para la vida inteligente, admitir que sus características han sido diseñadas para este fin. 

Entra así en la discusión el concepto de finalidad, algo intangible, no cuantificante ni explicable por ninguna ecuación o actividad de las cuatro fuerzas de la materia. 

Deja de tratarse de un principio físico, pues no conduce a ninguna predicción experimentalmente verificable. Nos encontramos en el terreno de la metafísica, aunque los datos que nos llevan a su formulación provengan del estudio de la realidad material a todos los niveles.

Wheeler, uno de los más prestigiosos físicos actuales, propone la siguiente cadena de raciocinio, punto de partida de su principio antrópico participatorio:

La propiedad más básica y universal de la materia es la mutabilidad. Ésta implica la ajustabilidad. Y todo lo que es ajustable, debe ser ajustado para que sea de una manera concreta. Por tanto, el universo fue ajustado en sus primeros instantes. Comoel ajuste es lo más restrictivo cuando se exige que el universo alcance la estructuración que permite la vida inteligente, hay que concluir que ya desde el primer momento todos los parámetros se ordenan a la existencia del hombre.

Cuando se pregunta por el autor de este “ajuste”, Wheeler recurre al concepto de “observador cuántico”, que causa el colapso de la onda de probabilidad que describe a un sistema, y vuelve “real” uno de sus posibles estados. Y así llega a la sorprendente afirmación de una causalidad circular: el hombre, conociendo al universo, determina cómo fue éste en su comienzo, para que luego pueda aparecer él, que va a ser responsable de ese ajuste inicial. 

Realmente es un modo de razonar jamás visto en ciencia alguna, aunque busque su apoyo en los experimentos cuánticos de selección posterior, explicada por algunos autores por una especie de causalidad retroactiva. Pero nunca se sugiere que tal causación, aun si se acepta, condicione la misma existencia del observador que la produce.

Para Wheeler, sólo es “real” un universo que es observado, pero no explica ni el concepto de “real” ni tampoco quién es responsable de la observación o en qué momento. 

Parece arbitrario afirmar que es “el hombre” el que ejercita su papel de observador, cuando aun hoy la casi totalidad de la población humana sería incapaz hasta de comprender qué debe observar y cómo debe determinar las constantes físicas en un pasado desconocido de hace 15 eones. 

 Hemos llegado a la médula del problema: lo que Wheeler formula y presenta como mutabilidad es una manifestación de la contingencia, concepto filosófico que afirma la incapacidad esencial de existir por sí mismo de todo aquello que es cambiante. Solamente un Ser necesario, inmutable, no material, sin limitación alguna, puede existir por su propia esencia, y puede dar razón suficiente de que exista lo que no es necesario sino contingente.

Así llegamos a la última posible interpretación del principio antrópico: el universo ha sido ajustado por su creador, ya desde el primer momento, con la finalidad de que su evolución lleve a condiciones compatibles con la vida y su desarrollo hasta el máximo nivel en la vida inteligente. Con tal afirmación se da una razón suficiente de que “exista algo en lugar de nada”: el creador busca últimamente la existencia de seres inteligentes dentro del mundo de la materia. Es sorprendente que sea la física la que nos lleva a este punto de vista.

CREACIÓN Y FINALIDAD

Todo agente que actúa de manera inteligente lo hace por un fin, conocido y querido y que determina los medios para alcanzarlo. El creador de potencia infinita, que puede dar el ser al universo en un paso total de nada a algo, debe conocer todas las posibilidades de una infinitud de universos potenciales, y elegir entre ellos aquel que se ajusta a un fin determinado con libertad, pues no se trata de una actividad de emanación necesaria o de desarrollo interno “dialéctico” de algo cambiante en su ser intrínseco, sino de creación estricta de una realidad de orden inferior.

Es una inteligencia infinita la que prevé todas las consecuencias de cada posible variación de parámetros físicos, en toda la historia ilimitada de cada partícula y sus combinaciones. Y es una voluntad libre la que elige crear uno de esos conjuntos materiales, con prioridades y leyes adecuadas para que se obtenga el fin previsto como resultado cierto de la actividad de que se dota a la materia en el momento de crearla. 

El creador no tiene que acudir a remediar fallos en la evolución de su obra, ni puede ser sorprendido por ninguna etapa de su desarrollo que va a ocurrir en todo momento gracias a la acción conservadora de lo que, de otro modo, volvería de forma instantánea a la nada.

Dice Pagels que el principio antrópico es lo más que pueden acercarse algunos científicos ateos a la admisión de un Dios creador, pero por quedarse corto en sus afirmaciones, deja de manera simultánea de ser científico y de dar una respuesta filosófica. En cambio, dice él, puede uno ser más explícito y consecuente afirmando el principio antrópico teístico: el universo parece hecho a la medida del hombre porque ha sido, realmente, hecho para el hombre. 

La ciencia no prueba la existencia de Dios creador, pero sienta las bases para un raciocinio metafísico que lleva lógicamente a Él. Y no es éste un concepto abstracto de una “totalidad cósmica” o una “naturaleza” personificada en forma mitológica, ni tampoco un Dios que crea como un ejercicio banal de su potencia y no se preocupa del hombre, sino un Dios personal, inteligente y libre, cuyo crear es, en última instancia, un acto de benevolencia y amor, que no impone la actividad creativa, pero es razón suficiente de ella: el bien tiende a comunicarse a otros.

Sólo desde este punto de vista puede justificarse también la existencia de un universo cuya evolución futura lleva, inexorablemente, a la destrucción de todas las estructuras y condiciones que hacen posible la vida. Para que el universo no sea “una broma de mal gusto” hay que salvar de la futilidad la misma existencia del hombre, hacia el cual va dirigida su creación. 

En la relación personal del hombre con Dios, toda la realidad material se vuelve hacia su creador, porque el hombre, inteligente y libre, es “imagen y semejanza” suya, capaz de reconocer y agradecer su existencia y la de todo lo que le rodea y ha hecho posible su vida misma. En esta respuesta encontramos algo nuevo, por encima de la simple belleza de fuegos artificiales de estrellas y galaxias, que han cumplido su cometido al preparar la venida del ser humano.

Pero aun así tiene que aparecer sin suficiente valor la actividad humana, si también ella es algo fugaz y destinada a la disolución final. La respuesta total debe encontrarse en el hecho indudable de la presencia en el hombre de una actividad nueva (que no puede reducirse a las cuatro fuerzas que definen a la materia): conciencia, pensamiento abstracto, actos libres. Su única explicación lógica es la admisión de una realidad no material, aunque íntimamente unida a la materia y condicionada por ella en su proceder. Y lo que no es material puede, en principio, seguir existiendo aunque la materia se desmorone. Ni la física ni la filosofía pueden ir más allá, pero ya esto basta para salvar al universo de ser absurdo: ha permitido que exista una realidad no material, no limitada por el marco de espacio-tiempo propio de la materia, y capaz de sobrevivir a su destrucción en un no tiempo inimaginable. 

Más todavía nos promete la teología cristiana, apoyada en la revelación: la materia misma, parte esencial del hombre, se salvará de la futilidad en la resurrección.

(Manuel Carreira, sacerdote jesuita, teólogo, filósofo y astrofísico español;​ miembro del Observatorio Vaticano)

sábado, 14 de febrero de 2026

CRISTO RESUCITADO ES LA RAZÓN DE NUESTRA FE

 


Dónde está el cielo. ¡En ningún sitio! El cielo no es un sitio: es un “modo de existir”. Y ¿cuándo ocurren las cosas en la eternidad? ¿En un tiempo muy largo? No ocurren en un tiempo. La eternidad es la presencia total del ser que no transcurre a lo largo de un tiempo. Seremos, en ese sentido, como Dios. Esto es decir algo muy atrevido, pero no estoy inventándomelo. San Juan dice que “seremos como Dios, porque le conoceremos como Él es”. Para conocer a Dios como Dios es, uno tiene que ser como Él, porque sólo Él puede conocerse, literalmente, como Él es. Y San Juan nos promete que así será: seremos como Dios, porque le conoceremos como Él es.

¿Y cómo es Dios? Es todo simultáneamente. Para Él no transcurre la existencia por periodos sucesivos. Sino que Él es todo simultáneamente en la perfección de su totalidad. Y nuestra propia existencia se parecerá a la de Dios. Naturalmente todo esto que he dicho no es parte del dogma, en cuanto a las explicaciones. Quien quiera quedarse simplemente con la prudente afirmación de San Pablo: “que ni ojo vio, ni oído oyó, ni le cabe a nadie en la cabeza lo que Dios tiene guardado para los suyos”, hace muy bien. Esto es lo único que nos hace falta saber, que Dios puede hacer más que lo que nosotros podemos entender. Pero, por otra parte, la teología es la fe que busca entender, y esto me parece que puede ayudar a entender un poco qué es lo que nos promete nuestra revelación y nuestra fe. Ciertamente, como mínimo, debería uno quedarse muy prudentemente en actitud de expectativa, en decir: Dios puede hacer más que lo que puede el hombre entender.

Hay teólogos que hablan de estos temas con miedo a que se les tache de poco científicos si aceptan que Cristo de veras resucitó con un cuerpo que al mismo tiempo era capaz de comerse un trozo de pescado y, por otra parte, podía salir a través de una pared. Dicen: “no, eso no puede tomarse al pie de la letra, ya se ve que eso no es materia, si hace esto…” Contestaría sugiriendo un estudio básico de Física moderna para convencerse de que no es tan extraño ni tan imposible como parece. La materia es mucho más flexible y mucho más maravillosa de lo que se piensa.

Por último me referiré al problema de preguntarnos: ¿con qué cuerpo volvemos a la vida: con el que teníamos de viejos, cuando nos morimos, el de jóvenes…, cuál? ¿Y qué pasa con los trasplantes quirúrgicos? ¿A quién le toca entonces ese hígado, ese riñón? Me parece que la idea antes expuesta de la falta de individualidad de las partículas elementales puede también jugar aquí un papel importante.

Si hay en el océano una ola ¿puedo decir que esa ola es ésta u otra que pasa por el mismo sitio, con la misma intensidad? ¿Cuál es la ola, el agua que se ha movido, y que luego se ha quedado quieta, o ese movimiento? No tiene sentido preguntárselo ¿verdad?

Pues la materia puede no ser más que eso: ondulaciones en ese vacío físico a que me refería. ¿Cuál es mi cuerpo, el que tengo ahora, el que tenía ayer, el que tenía hace quince días? Las partículas del cuerpo van cambiando día a día, momento a momento. Mi cuerpo es ese conjunto de materia que está, hablando simbólicamente, hecho a medida para mi espíritu.

El hombre es un “compuesto de alma y cuerpo”. No son dos realidades yuxtapuestas, pero totalmente independientes, sino que la una está hecha para la otra. El alma está hecha para estar unida al cuerpo. El alma no es un ángel al que han encerrado en un trozo de materia. El alma no está hecha para existir sola, como lo está un ángel. Está hecha para existir unida a la materia, y el alma es la que da una estructuración a la materia que le hace ser mi cuerpo. El alma es, al mismo tiempo, el principio vital, el principio directriz de todas mis actividades.

Incluso podemos decir biológicamente que mi cuerpo es una colección de animalitos, porque cada una de las células de mi cuerpo es un bichito al que puedo extraer con un bisturí y ponerlo en un cultivo y vive tranquilamente bajo un microscopio durante años. Y, sin embargo, el conjunto es mi cuerpo. Cada célula de la sangre parece actuar por su cuenta, en cuanto uno puede observar con el microscopio. Pero el conjunto de todos esos miles de millones de células soy yo.

Así que el exigir que mi cuerpo tenga este átomo, con éste al lado… es pueril. Mi cuerpo es intercambiable, en cuanto a su materia, de un día para otro; es intercambiable incluso respecto a órganos enteros, pero sigo siendo yo. ¿Por qué? Porque este conjunto de materia que está bajo el control de mi espíritu, de mi alma, eso es mi cuerpo. 

La materia, como hemos dicho, es mucho más maravillosa de lo que pensábamos y la estructuración del cuerpo es también mucho más profunda que simplemente la colocación de átomos determinados para que sea mi cuerpo.

Cristo Resucitado es la razón de nuestra fe y nuestra esperanza. Por donde Él ha ido, esperamos ir también nosotros. La muerte ya no tiene poder alguno sobre Él; y su victoria es nuestra victoria, de nuestro espíritu, y también de nuestro cuerpo. Esta es la promesa inimaginable hecha a los hijos de Dios.

Manuel Carreira (1931-2020), sacerdote jesuita, astrofísico y filósofo

lunes, 9 de febrero de 2026

DIOS EXISTE (Antony Flew)



El filósofo y famoso promotor del ateísmo Antony Flew creyó a los 81 años... y escribió «Dios existe» Los nuevos hallazgos de la ciencia cambiaron su punto de vista. El problema del mal en el mundo, entre otros, fue la razón de su ateísmo.

Pero Flew cambió de opinión a medida que estudiaba más biología, se dio cuenta que la evidencia apoyaba la existencia de una inteligencia creadora, y que el azar y la necesidad o el mero materialismo no eran suficientes para explicar la complejidad del mundo. Los ateos lo acusaron de "senilidad", sin pruebas médicas que acreditasen nada. Desde luego esto no deja en buen lugar a los ateos, que por no reconocer nada en favor de Dios, acusan de senil a Antony Flew; es muy injusto. 

Esto fue lo que escribió en sus últimos años, si alguien piensa que esto lo ha escrito un hombre senil, es que no ha conocido a muchas personas seniles en sus vidas:

 "Dos factores fueron especialmente decisivos. Uno fue mi creciente empatía con la idea de Einstein y de otros científicos notables de que tenía que haber una Inteligencia detrás de la complejidad integrada del universo físico. 

El segundo era mi propia idea de que la complejidad integrada de la vida misma —que es mucho más compleja que el universo físico— solo puede ser explicada en términos de una fuente inteligente. Creo que el origen de la vida y de la reproducción sencillamente no pueden ser explicados desde una perspectiva biológica, a pesar de los numerosos esfuerzos para hacerlo. 

Con cada año que pasa, cuanto más descubrimos de la riqueza y de la inteligencia inherente a la vida, y menos posible parece que una sopa química pueda generar por arte de magia el código genético. Se me hizo palpable que la diferencia entre la vida y la no-vida era ontológica y no química. La mejor confirmación de este abismo radical es el cómico esfuerzo de Richard Dawkins para aducir en "El espejismo de Dios" que el origen de la vida puede atribuirse a un “azar afortunado”. Si este es el mejor argumento que se tiene, entonces el asunto queda zanjado. No, no escuché ninguna voz. Fue la evidencia misma la que me condujo a esta conclusión."

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Siempre hay esperanza, Dios no se cansa nunca de buscar.

viernes, 6 de febrero de 2026

EL CRISTIANO VIVE UNA RELACIÓN PERSONAL CON DIOS


El cristiano tiene una relación personal con un Dios vivo: Jesucristo, por eso cuando una persona encuentra a Dios en su alma, ya nada puede hacerlo desistir de esta realidad. Dios es trascendental y no se puede demostrar con evidencias materiales, esto no lo comprenden los ateos y piden pruebas una y otra vez, pero ¿cómo pruebas que estás enamorado de alguien? 

Podemos dar razón de nuestra fe a través de las cosas creadas y de las Sagradas Escrituras, pero no podemos demostrar nuestra relación personal con Dios, no podemos bajar al plano material a un Dios trascendental y sobrenatural.

Esta es la excusa del ateo, pedir pruebas materiales, ¿por qué no suben ellos a lo trascendental para buscarlo? ¿por qué no rezan? ellos dicen que no rezan porque es inútil, pero ¿qué saben ellos? no pasa nada con probar, sin embargo no lo harán, porque algo en su interior sabe que van a encontrarse con "algo" que prefieren evitar.

La fe es un don, y cuando Dios se manifiesta, lo hace exclusivamente con cada uno, porque no hay dos individuos iguales, lo hace de manera particular, no en "modo manada", el creyente simplemente ha descubierto a Dios.

Los ateos lo llaman "amigo imaginario", ése es su problema, no el del creyente que sabe muy bien y tiene la certeza de que se está relacionando con Dios, que habita en todas las almas, lo que pasa es que algunos lo descubren, unos pronto y otros más tarde como lo expresaba tan bellamente San Agustín:

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por de fuera te buscaba...

Otros, desgraciadamente no lo ven nunca porque han embotado su corazón y su mente y no QUIEREN ver nada más de lo que tienen delante de sus narices, quieren ser tan "racionales" que caen en su misma trampa y esa "razón" los tiene esclavos e incapaces para aceptar algo sobrenatural a pesar de todas las pruebas sobrenaturales que ha habido en el mundo, como curaciones milagrosas constatadas, milagros Eucarísticos, santos estigmatizados, santos incorruptos, apariciones marianas etc...a todo dicen que es mentira, que son ilusiones, que es manipulación, pero en realidad es una ceguera consciente, porque todos los casos que se presentan están más que estudiados por gente de fe y también por laicos no creyentes. Ningún milagro es aprobado sin una constatación médica y científica. Muchas veces, ante tanta evidencia muchos ateos han tenido que optar por reconocer estas realidades, como el médico ateo Alexis Carrel que se convirtió a Dios después de ver a una moribunda recobrar la salud en unas pocas horas al recibir el agua milagrosa del santuario de Lourdes.


 A  algunos ateos parece que les da coraje que el creyente haya encontrado a Dios y tenga una relación de amistad con Él, por eso le ataca con todo tipo de improperios usando para ellos comparaciones a cada cual más cruel y ridícula.

El caso es que el creyente vive una relación personal con Dios.

Para ilustrar esto, se han hecho experimentos que han constatado cómo viven su fe los creyentes.

Este experimento no demuestra la existencia de Dios, solo aclara que el creyente no vive una fe ciega como un robot creyendo en Dios como si fuera Spiderman o un personaje inanimado, sino que tiene una relación con Dios como si fuera una persona viva.

Uffe Schjødt, de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), vio que durante el rezo el cerebro premia con una sensación de bienestar a las personas creyentes que practican su religión, que cumplen sus normas y que hablan con su dios.

En su investigación, Schjødt usó un escáner de resonancia magnética para analizar el cerebro de 20 cristianos devotos. Los sujetos eran 20 jóvenes sanos (6 hombres y 14 mujeres), de entre 21 y 32 años de edad, sin enfermedades psiquiátricas o neurológicas conocidas.

Los investigadores pidieron a los voluntarios que pronunciaran una canción de cuna, sin ese significado místico, y una petición mental de regalos a Santa Claus.

El resultado fue que “rezar a Dios es una experiencia intersubjetiva comparable a una interacción normal entre dos personas”.

Dos de las regiones que se activaron procesan las cosas que deseamos y valoran cómo otro individuo, en este caso Dios, puede reaccionar a nuestras acciones. También se vio activación en la corteza prefrontal, que es clave en la teoría de la mente. Se encarga, entre otras funciones, de la evaluación de la realidad y el juicio crítico. Es muy interesante que, en el caso de las peticiones a Santa Claus, esta zona permanecía inactiva. Esto sugiere que los voluntarios creyentes veían al barbudo de traje rojo como un ser ficticio, pero a Dios como un individuo real.

Estudios previos han demostrado que la corteza prefrontal no se activa cuando las personas interaccionan con un ser inanimado, como un personaje de un juego de ordenador. 

Para Schjødt, estas áreas cerebrales no se activan porque no se espera reciprocidad ni se considera necesario pensar sobre las intenciones del personaje digital. Él decía que estos resultados muestran que las personas creyentes piensan que están hablando con alguien real cuando rezan.

Al final, como dice Robin Dunbar, de la Universidad de Oxford, el estudio no prueba ni la existencia ni la inexistencia de Dios sino que nuestra actividad cerebral es diferente según nuestras creencias.

miércoles, 4 de febrero de 2026

LOS MILAGROS DE LOURDES

 


La Iglesia católica admite la existencia de fenómenos inexplicables, extraordinarios, que trascienden las leyes de la naturaleza. 

Se trata de los milagros. Si en la cultura judía, y por tanto también en el Antiguo Testamento, los milagros se consideran signos de la omnipotencia de Dios, en el Nuevo Testamento los milagros realizados por Jesús son signos evidentes de Su naturaleza divina. Por tanto, podemos definir un milagro como cualquier acontecimiento no atribuible a causas naturales, sino justificado por la intervención divina. 

Con esta premisa, hablar de milagros reconocidos por la Iglesia se convierte en un tema complejo y delicado. Los milagros, en particular las curaciones inexplicables, siempre han sido objeto de acalorados debates entre quienes creen sin titubear en la intervención divina detrás de ellos y quienes reclaman una actitud más racional, una explicación lógica y científica. No es que la Iglesia se tome esto a la ligera. Si queremos tener una estimación de los milagros comprobados y reconocidos, tomando como ejemplo los atribuidos a Nuestra Señora de Lourdes, estamos en el orden de las decenas, con unos setenta milagros reconocidos por la Iglesia entre miles de supuestas curaciones milagrosas y millones de peregrinos que han visitado el santuario de Nuestra Señora de Lourdes en los últimos años.

Existe un procedimiento específico adoptado por la Iglesia en materia de milagros, codificado en 1983. Se utiliza sobre todo en casos de curaciones inexplicables, y se basa en una serie de mediciones y análisis recopilados y examinados por una consulta médica especial nombrada por la Congregación para las causas de los santos. Este equipo de médicos y científicos incluye especialistas tanto laicos como creyentes, que analizan cada caso que se les somete y determinan si cumple los siete criterios que definen un milagro curativo desde el punto de vista médico-científico. Estos fueron recogidos en De servorum dei beatificatione et beatorum canonizatione (La beatificación de los siervos de Dios y la canonización de los beatos) por el cardenal Prospero Lambertini, que subió al solio pontificio con el nombre de Papa Benedicto XIV en 1740, y siguen considerándose válidos hoy en día. He aquí cuáles son:

-La enfermedad debe ser grave, con un pronóstico negativo;

-El diagnóstico real de la enfermedad debe ser cierto y preciso;

-La enfermedad sólo debe ser orgánica;

-Un eventual tratamiento no puede haber favorecido el proceso de curación;

-La curación debe ser repentina, inesperada e instantánea;

-La recuperación de la normalidad debe ser completa (y sin convalecencia);

-La recuperación debe ser duradera (sin recaídas).

Una vez reconocidos los siete criterios, se evalúan las circunstancias del acontecimiento para relacionarlas con una posible intervención divina (oraciones por parte del enfermo, peregrinación a un lugar famoso por las curaciones milagrosas, etc.). Si tras esta última consideración persisten las dudas sobre la curación, se descarta como remisión espontánea.

MILAGROS EN LOURDES:



La ciudad francesa de Lourdes, escenario de nada menos que dieciocho apariciones de la Virgen a Bernadette Soubirous en 1858, es también uno de los lugares donde más milagros de curación se han atestiguado, incluidas muchas curaciones milagrosas de cáncer. 

De las siete mil curaciones atribuidas a Nuestra Señora de Lourdes, más de dos mil han sido reconocidas como inexplicables, y de estas dos mil, sólo setenta han sido formalmente reconocidas como curaciones milagrosas comprobadas. 

Justo al lado del Santuario de Lourdes se encuentra la Bureau des constatations médicales (Oficina de las Constataciones médicas), que examina las curaciones verdaderas o presuntas. Esta oficina existe desde 1905 y se basa en los ya mencionados siete criterios definidos por el cardenal Lambertini. Tras un primer análisis, es el Comité Médico Internacional de Lourdes (CMIL), con sede en París, el que refuta o no las conclusiones a las que llega la oficina, y al final la Iglesia reconoce o no la curación milagrosa.


Dado que los milagros de Nuestra Señora y las curaciones de Lourdes se atribuyen a menudo al agua del manantial de la gruta de Massabielle, que la Virgen señaló a Bernadette, ésta fue sometida a un minucioso análisis. El resultado fue que el agua de Lourdes no tiene ninguna propiedad medicinal ni terapéutica y, por tanto, no es el origen de las curaciones milagrosas.

Desde un punto de vista biológico, el agua de Lourdes es agua normal, desprovista de cualquier sustancia que pudiera justificar su efecto taumatúrgico y salvífico. 

Varios estudiosos han examinado el agua. La bióloga italiana Enza Ciccolo, experta en auriculomedicina, la ciencia que estudia los efectos de la luz en el cuerpo humano, ha encontrado en ella frecuencias luminosas particulares que inhiben la proliferación de gérmenes y bacterias. Esto explicaría por qué nadie ha enfermado nunca al sumergirse en las piscinas de Lourdes, a pesar de que el intercambio de agua no es tan frecuente. Además, estas frecuencias producirían efectos beneficiosos en el organismo, especialmente contra las enfermedades de la piel y del sistema nervioso.

El investigador japonés Emoto Masaru ha realizado numerosos experimentos sobre la forma que adopta el agua al pasar del estado líquido al sólido. Al congelar el agua de Lourdes, obtuvo cristales de una belleza superior y trascendental.

Luc Montagnier, que descubrió el virus VIH, admitió que considera inexplicables los poderes del agua de Massabielle y que los milagros de Nuestra Señora de Lourdes trascienden la ciencia y la medicina.


Bernadette, en su sencillez, reveló desde el principio el verdadero milagro escondido en el agua de Lourdes: “Beben el agua como si fuera una medicina… Hay que tener fe, hay que rezar: ¡esta agua no tendría ninguna virtud sin la fe!”.

En 2018, setenta de las siete mil curaciones de enfermos que acudieron en peregrinación a Lourdes fueron declaradas milagrosas. La última fue reconocida en 2018 y se refiere a la hermana Bernadette Moriau, obligada durante 42 años a estar en una silla de ruedas por una terrible enfermedad de los nervios espinales, que en 2008 acudió en peregrinación a Lourdes y, tras recibir la bendición de los enfermos, se levantó y caminó.

Sor Bernadette Moriau
                                                   Sor Bernadette Moriau


Veamos sólo algunas de estas curaciones:

Louis-Justin Duconte-Bouhort, de apenas dieciocho meses, enfermo de tuberculosis y con las piernas paralizadas, al borde de la muerte, fue sumergido por su madre, vecina de Bernadette, en el agua de la gruta de Massabielle. Era el 2 de mayo de 1858, y al día siguiente el pequeño se levantó de la cuna y empezó a andar.


Pieter De Rudder de 44 años, llevaba ocho viviendo como un tullido después de que un tronco le destrozara los huesos de una pierna. El 7 de abril de 1875, tras acudir al santuario de Nuestra Señora de Lourdes en Oostacker, regresó a casa sin muletas.


Marie Biré, tenía paralizados un pie y un brazo desde 1904. El 5 de agosto de 1908 comulgó en la gruta de Massabielle y volvió a ver.


Francis Pascal, ciego y paralítico después de contraer meningitis a los tres años, se recuperó tras ser sumergido en el agua de la piscina de Lourdes.


Vittorio Micheli afectado de un osteosarcoma en la pelvis que le destruyó los huesos, fue sumergido en el agua del manantial de Lourdes. Las radiografías posteriores mostraron una regeneración de los huesos que, con el tiempo, le permitió volver a caminar y trabajar.


Delizia Cirolli padecía un tumor maligno en la tibia, fue curada por el agua de Lourdes que su madre le vertía todos los días en la pierna enferma. El tumor desapareció y ella volvió a caminar.

Pero quizás el milagro más extraordinario, fue la conversión de un médico ateo:


El Dr. Alexis Carrel es muy conocido porque obtuvo el premio Nobel de Medicina en 1912. Nació en Francia en 1873 y falleció en 1944. Era un hombre de ciencia, educado en una escuela laica, había perdido completamente la fe y se volvió positivista y materialista. No creía en los milagros. Intrigado por la curiosidad en el año 1903 decidió investigar por sí mismo lo que pudiera ser de cierto de lo que se decía de las maravillosas curaciones de Lourdes. 

Se le presentó la oportunidad de ocupar el puesto de un colega suyo, se unió a las peregrinaciones de los enfermos hacia Lourdes. En el tren coincidió con Marie Ferrand -cuyo nombre real es Marie Baily- en un estado de salud desesperado. Padecía peritonitis tuberculosa aguda; su abdomen estaba considerablemente distendido, con grandes masas duras. Había estado enferma durante toda su vida. Carrel creía que moriría muy rápidamente. Con cada parada brusca del tren parecía que agonizaba. 

Después de llegar a Lourdes, Carrel encuentra un condiscípulo, llamado Antonin Duval que había dedicado su vida a ser voluntario. Le preguntó si esa mañana hubo enfermos curados en las piscinas, le contó que en la gruta había presenciado el milagro de una monja anciana que tenía una enfermedad incurable en un pie, quedó curada y arrojó las muletas. El médico niega la intervención de Dios en lo que llamaban curación extraordinaria y afirma que ese fue un caso interesante de autosugestión. Que él para convencerse de que existen los milagros tendría que ver curada una enfermedad orgánica. Recordó a la paciente con la que había coincidido y dijo que si ella se curaba él no volvería a dudar jamás. 

La enfermera de la peregrinación le preguntó si podían llevar a Marie Ferrand a las piscinas. Carrel la miró con sorpresa y le dijo que era posible que muriera en el camino pero si estaba decidida y para eso había hecho un viaje tan largo, que estaba de acuerdo. El Dr. Journet que había acompañado a sus pacientes a Lourdes, entró en la sala en ese momento y confirmó que Marie Ferrand estaba a punto de morir. 

Cerca de las 2 de la tarde Carrel se dirigió a las piscinas. Allí coincidió con el dr. Gouyot quien al ver a Marie también dijo que le parecía que estaba a punto de morir. Por su estado no la metieron en la piscina sino que le derramaron tres jarras de agua en el abdomen. A las 2.40 pm Marie empezó a dar muestras de alivio. Súbitamente Carrel se puso pálido pues vio como el abdomen de la enferma se iba aplanando lentamente. A las 3 de la tarde Marie estaba curada. El dr. Alexis  creía volverse loco. Observaba fascinado los movimientos respiratorios y la pulsación de la región del cuello, el ritmo era regular. Le preguntó cómo se sentía y ella respondió que se sentía curada aunque todavía débil. 

Carrel regresó a su hotel decidido a abstenerse de sacar ninguna conclusión. A las 7.30 pm se dirigió al hospital y fue al lado de la cama de Marie. Se quedó contemplándola con gran asombro. Estaba sentada. La respiración era completamente normal. Una gran confusión invadía el ánimo del médico. Vio la piel del abdomen lisa y blanca. Palpó el abdomen y todo había desparecido. El sudor inundó su frente, sintió como si le hubieran dado un golpe en la cabeza. Los doctores Journet y Gouyot testificaron la curación. 

Alexis Carrel subió los escalones de la Iglesia y empezó a rezar. Le decía a Dios que a pesar de que Él respondió a su súplica con un milagro resplandeciente, él aún dudada. El gran deseo de su vida era creer, creer apasionadamente. Y después se puso a escribir las observaciones de ese día. Por fin se desvanecieron todas sus dudas intelectuales y sintió una gran paz.

martes, 3 de febrero de 2026

CUANDO DIOS ORDENA

 

“Una mujer muy pobre llamó a una emisora de radio pidiendo ayuda a Dios. 
Un incrédulo que también estaba escuchando este programa de radio decidió burlarse de la mujer.
Obtuvo su dirección en la emisora de radio y le dijo a su secretaria que le llevara una gran cantidad de alimentos dándole la siguiente instrucción: 
"Cuando la mujer pregunte quién envió la comida, dígale que es de parte del diablo".
Cuando la secretaria llegó a la casa de la mujer, la mujer estaba feliz y agradecida por la ayuda recibida. 
Comenzó a poner los paquetes de comida dentro de su pequeña casa.
Entonces la secretaria le preguntó: "¿no quieres saber quién envió la comida?"
La mujer respondió: 
“No, no me importa porque cuando Dios ordena, 
¡hasta el diablo obedece!"

miércoles, 28 de enero de 2026

LAS CINCO VÍAS DE SANTO TOMÁS DE AQUINO QUE DEMUESTRAN LA EXISTENCIA DE DIOS

 


PRIMERA VÍA:

EL MOVIMIENTO:

La realidad del cambio o del movimiento exige necesariamente la existencia de un primer motor inmóvil, porque no es posible fundarse en una serie infinita de iniciadores del movimiento.


SEGUNDA VÍA:

CAUSAS EFICIENTES: puesto que las causas eficientes forman una sucesión y nada es causa eficiente de sí mismo, hay que afirmar la existencia de una primera causa.


TERCERA VÍA:

CONTINGENCIA Y SER NECESARIO:

Como es un hecho que hay seres que existen y que podrían no existir, esto es, que son contingentes, es forzoso que exista un ser necesario, ya que, de otra forma, en algún momento nada habría existido, lo cual es imposible.


CUARTA VÍA:

LOS GRADOS DE PERFECCIÓN:

Puesto que todas las cosas existen según grados (de bondad, verdad, etc.), debe también existir el ser que posee toda perfección en grado sumo, respecto del cual las demás se comparan y del cual participan.


QUINTA VÍA:

EL ORDEN Y LA FINALIDAD:

Existe un diseño o un fin en el mundo, por lo que ha de existir un ser inteligente que haya pretendido la finalidad que se observa en todo el universo.


Existen otras vías a las que mejor corresponde llamar “argumentos complementarios”. Estas son:

1) La demostración por el consentimiento universal del género humano: todos los pueblos, cultos o bárbaros, en todas las zonas y en todos los tiempos, han admitido la existencia de un Ser supremo. Ahora bien, como es imposible que todos se hayan equivocado acerca de una verdad tan importante y tan contraria a las pasiones, debemos exclamar con la humanidad entera: ¡Creo en Dios!

2) Por el deseo natural de la perfecta felicidad: consta con toda certeza que el corazón humano apetece la plena y perfecta felicidad con un deseo natural e innato; consta también con certeza que un deseo propiamente natural e innato no puede ser vano, o sea, no puede recaer sobre un objetivo o finalidad inexistente o de imposible adquisición; y consta, finalmente, que el corazón humano no puede encontrar su perfecta felicidad más que en la posesión de un Bien Infinito. Por tanto, existe el Bien Infinito al que llamamos Dios.

3) Por la existencia de la ley moral: existe una ley moral, absoluta, universal, inmutable, que prescribe el bien, prohibe el mal y domina en la conciencia de todos los hombres. Ahora bien, no puede haber ley sin legislador, como no puede haber efecto sin causa. Este legislador ha de ser, al igual que esa ley, absoluto, universal, inmutable, bueno y enemigo del mal. Esto es lo que denominamos Dios.

jueves, 25 de diciembre de 2025

FRASES DE EINSTEIN SOBRE LA EXISTENCIA DE DIOS

"La naturaleza es la realización de las ideas matemáticas de Dios"
(Albert Einstein)




"Me basta reflexionar sobre la maravillosa estructura
del universo y tratar humildemente de penetrar siquiera
una parte infinitesimal de la sabiduría que se manifiesta en la naturaleza"
DIOS NO JUEGA A LOS DADOS
(Albert Einstein)



"La ley del Cosmos revela una inteligencia de tal superioridad
que comparada con ella, todo el pensar humano es insignificante"

(Albert Einsein)
































 

¿ATEÍSMO O PEREZA?

 



Una de las acciones que más me reconfortan es recordar con especial intensidad que Dios es mi Padre, aunque pienso que si cada vez es mucho mayor el número de ateos, quiere decir que son muchas las personas para las que esto no significa nada y podría ocurrir, que aquellos que siempre hemos puesto toda nuestra confianza en Dios, nos sintiéramos contagiados y desanimados ante el aumento de la increencia.


Generalmente el ateísmo se ha considerado casi siempre muy unido a la soberbia. El hombre llega a creerse tan importante que se permite eliminar a Dios, prescindir de él o decidir que no existe. No deja de ser un gran atrevimiento, porque uno podría llegar a decir: Señor, no te veo, no te entiendo, no te comprendo... Pero pasar de ahí a negarlo es un salto demasiado grande, teniendo en cuenta lo poco que somos.

La ignorancia también tiene mucho que ver con la negación de Dios. Pero, ojo, que ser ignorante no quiere decir que se carezca de títulos o de estudios. Una persona puede tener carrera universitaria con muy buenas notas en esa especialidad y ser un ignorante en otras materias como filosofía, historia, religión... En efecto, la teología, la religión... requiere muchas horas de estudio si uno quiere tener algo de idea. Hemos de reconocer que la ignorancia religiosa es muy grande tanto en hombres de ciencia como en cristianos de buena voluntad. En todo caso hay una sabiduría muy profunda que no la dan sólo los libros y que brilla bastante por su ausencia.

Quizá por todo ello habría que añadir a la soberbia y a la ignorancia, compañeras inseparables del ateísmo, la pereza. La pereza mental de no pararse a reflexionar, a buscar, a leer, a investigar. Se habla a la ligera sin tomarse la molestia de formarse ni informarse, ni siquiera pensar seriamente. Escribo estas lineas tras una ardua jornada intentando combatir en las aulas la ignorancia religiosa. Pero el cansancio y el estress no viene del hecho de tener que hablar y explicar a los alumnos, sino de la indiferencia, la falta de interés y de acogida, del desprecio a cuanto se ha vivido, investigado o escrito sobre Dios.

En el fondo nos hemos vuelto muy cómodos y por eso no queremos complicarnos la vida buscando a Dios, ni que Él nos complique la vida. Es la vieja táctica del avestruz que esconde la cabeza bajo el ala pensando que así se aleja el peligro. Para no enfrentarnos con el tema de Dios lo aparcamos a un lado. Por eso si hubiera que clasificar a los ateos en varios grupos y quedarse con alguno, me quedaría con los que lo son después esforzarse en buscar a Dios... porque, además, llegarán a encontrarlo.

Por: Máximo Álvarez Rodríguez | Fuente: Catholic.net

EN EL NUEVO TESTAMENTO HAY ESPÍSTOLAS ESCRITAS POR TESTIGOS DIRECTOS DE CRISTO

  " En primer lugar les he enseñado la misma tradición que yo recibí, a saber, que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escritu...