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miércoles, 4 de febrero de 2026

LOS MILAGROS DE LOURDES

 


La Iglesia católica admite la existencia de fenómenos inexplicables, extraordinarios, que trascienden las leyes de la naturaleza. 

Se trata de los milagros. Si en la cultura judía, y por tanto también en el Antiguo Testamento, los milagros se consideran signos de la omnipotencia de Dios, en el Nuevo Testamento los milagros realizados por Jesús son signos evidentes de Su naturaleza divina. Por tanto, podemos definir un milagro como cualquier acontecimiento no atribuible a causas naturales, sino justificado por la intervención divina. 

Con esta premisa, hablar de milagros reconocidos por la Iglesia se convierte en un tema complejo y delicado. Los milagros, en particular las curaciones inexplicables, siempre han sido objeto de acalorados debates entre quienes creen sin titubear en la intervención divina detrás de ellos y quienes reclaman una actitud más racional, una explicación lógica y científica. No es que la Iglesia se tome esto a la ligera. Si queremos tener una estimación de los milagros comprobados y reconocidos, tomando como ejemplo los atribuidos a Nuestra Señora de Lourdes, estamos en el orden de las decenas, con unos setenta milagros reconocidos por la Iglesia entre miles de supuestas curaciones milagrosas y millones de peregrinos que han visitado el santuario de Nuestra Señora de Lourdes en los últimos años.

Existe un procedimiento específico adoptado por la Iglesia en materia de milagros, codificado en 1983. Se utiliza sobre todo en casos de curaciones inexplicables, y se basa en una serie de mediciones y análisis recopilados y examinados por una consulta médica especial nombrada por la Congregación para las causas de los santos. Este equipo de médicos y científicos incluye especialistas tanto laicos como creyentes, que analizan cada caso que se les somete y determinan si cumple los siete criterios que definen un milagro curativo desde el punto de vista médico-científico. Estos fueron recogidos en De servorum dei beatificatione et beatorum canonizatione (La beatificación de los siervos de Dios y la canonización de los beatos) por el cardenal Prospero Lambertini, que subió al solio pontificio con el nombre de Papa Benedicto XIV en 1740, y siguen considerándose válidos hoy en día. He aquí cuáles son:

-La enfermedad debe ser grave, con un pronóstico negativo;

-El diagnóstico real de la enfermedad debe ser cierto y preciso;

-La enfermedad sólo debe ser orgánica;

-Un eventual tratamiento no puede haber favorecido el proceso de curación;

-La curación debe ser repentina, inesperada e instantánea;

-La recuperación de la normalidad debe ser completa (y sin convalecencia);

-La recuperación debe ser duradera (sin recaídas).

Una vez reconocidos los siete criterios, se evalúan las circunstancias del acontecimiento para relacionarlas con una posible intervención divina (oraciones por parte del enfermo, peregrinación a un lugar famoso por las curaciones milagrosas, etc.). Si tras esta última consideración persisten las dudas sobre la curación, se descarta como remisión espontánea.

MILAGROS EN LOURDES:



La ciudad francesa de Lourdes, escenario de nada menos que dieciocho apariciones de la Virgen a Bernadette Soubirous en 1858, es también uno de los lugares donde más milagros de curación se han atestiguado, incluidas muchas curaciones milagrosas de cáncer. 

De las siete mil curaciones atribuidas a Nuestra Señora de Lourdes, más de dos mil han sido reconocidas como inexplicables, y de estas dos mil, sólo setenta han sido formalmente reconocidas como curaciones milagrosas comprobadas. 

Justo al lado del Santuario de Lourdes se encuentra la Bureau des constatations médicales (Oficina de las Constataciones médicas), que examina las curaciones verdaderas o presuntas. Esta oficina existe desde 1905 y se basa en los ya mencionados siete criterios definidos por el cardenal Lambertini. Tras un primer análisis, es el Comité Médico Internacional de Lourdes (CMIL), con sede en París, el que refuta o no las conclusiones a las que llega la oficina, y al final la Iglesia reconoce o no la curación milagrosa.


Dado que los milagros de Nuestra Señora y las curaciones de Lourdes se atribuyen a menudo al agua del manantial de la gruta de Massabielle, que la Virgen señaló a Bernadette, ésta fue sometida a un minucioso análisis. El resultado fue que el agua de Lourdes no tiene ninguna propiedad medicinal ni terapéutica y, por tanto, no es el origen de las curaciones milagrosas.

Desde un punto de vista biológico, el agua de Lourdes es agua normal, desprovista de cualquier sustancia que pudiera justificar su efecto taumatúrgico y salvífico. 

Varios estudiosos han examinado el agua. La bióloga italiana Enza Ciccolo, experta en auriculomedicina, la ciencia que estudia los efectos de la luz en el cuerpo humano, ha encontrado en ella frecuencias luminosas particulares que inhiben la proliferación de gérmenes y bacterias. Esto explicaría por qué nadie ha enfermado nunca al sumergirse en las piscinas de Lourdes, a pesar de que el intercambio de agua no es tan frecuente. Además, estas frecuencias producirían efectos beneficiosos en el organismo, especialmente contra las enfermedades de la piel y del sistema nervioso.

El investigador japonés Emoto Masaru ha realizado numerosos experimentos sobre la forma que adopta el agua al pasar del estado líquido al sólido. Al congelar el agua de Lourdes, obtuvo cristales de una belleza superior y trascendental.

Luc Montagnier, que descubrió el virus VIH, admitió que considera inexplicables los poderes del agua de Massabielle y que los milagros de Nuestra Señora de Lourdes trascienden la ciencia y la medicina.


Bernadette, en su sencillez, reveló desde el principio el verdadero milagro escondido en el agua de Lourdes: “Beben el agua como si fuera una medicina… Hay que tener fe, hay que rezar: ¡esta agua no tendría ninguna virtud sin la fe!”.

En 2018, setenta de las siete mil curaciones de enfermos que acudieron en peregrinación a Lourdes fueron declaradas milagrosas. La última fue reconocida en 2018 y se refiere a la hermana Bernadette Moriau, obligada durante 42 años a estar en una silla de ruedas por una terrible enfermedad de los nervios espinales, que en 2008 acudió en peregrinación a Lourdes y, tras recibir la bendición de los enfermos, se levantó y caminó.

Sor Bernadette Moriau
                                                   Sor Bernadette Moriau


Veamos sólo algunas de estas curaciones:

Louis-Justin Duconte-Bouhort, de apenas dieciocho meses, enfermo de tuberculosis y con las piernas paralizadas, al borde de la muerte, fue sumergido por su madre, vecina de Bernadette, en el agua de la gruta de Massabielle. Era el 2 de mayo de 1858, y al día siguiente el pequeño se levantó de la cuna y empezó a andar.


Pieter De Rudder de 44 años, llevaba ocho viviendo como un tullido después de que un tronco le destrozara los huesos de una pierna. El 7 de abril de 1875, tras acudir al santuario de Nuestra Señora de Lourdes en Oostacker, regresó a casa sin muletas.


Marie Biré, tenía paralizados un pie y un brazo desde 1904. El 5 de agosto de 1908 comulgó en la gruta de Massabielle y volvió a ver.


Francis Pascal, ciego y paralítico después de contraer meningitis a los tres años, se recuperó tras ser sumergido en el agua de la piscina de Lourdes.


Vittorio Micheli afectado de un osteosarcoma en la pelvis que le destruyó los huesos, fue sumergido en el agua del manantial de Lourdes. Las radiografías posteriores mostraron una regeneración de los huesos que, con el tiempo, le permitió volver a caminar y trabajar.


Delizia Cirolli padecía un tumor maligno en la tibia, fue curada por el agua de Lourdes que su madre le vertía todos los días en la pierna enferma. El tumor desapareció y ella volvió a caminar.

Pero quizás el milagro más extraordinario, fue la conversión de un médico ateo:


El Dr. Alexis Carrel es muy conocido porque obtuvo el premio Nobel de Medicina en 1912. Nació en Francia en 1873 y falleció en 1944. Era un hombre de ciencia, educado en una escuela laica, había perdido completamente la fe y se volvió positivista y materialista. No creía en los milagros. Intrigado por la curiosidad en el año 1903 decidió investigar por sí mismo lo que pudiera ser de cierto de lo que se decía de las maravillosas curaciones de Lourdes. 

Se le presentó la oportunidad de ocupar el puesto de un colega suyo, se unió a las peregrinaciones de los enfermos hacia Lourdes. En el tren coincidió con Marie Ferrand -cuyo nombre real es Marie Baily- en un estado de salud desesperado. Padecía peritonitis tuberculosa aguda; su abdomen estaba considerablemente distendido, con grandes masas duras. Había estado enferma durante toda su vida. Carrel creía que moriría muy rápidamente. Con cada parada brusca del tren parecía que agonizaba. 

Después de llegar a Lourdes, Carrel encuentra un condiscípulo, llamado Antonin Duval que había dedicado su vida a ser voluntario. Le preguntó si esa mañana hubo enfermos curados en las piscinas, le contó que en la gruta había presenciado el milagro de una monja anciana que tenía una enfermedad incurable en un pie, quedó curada y arrojó las muletas. El médico niega la intervención de Dios en lo que llamaban curación extraordinaria y afirma que ese fue un caso interesante de autosugestión. Que él para convencerse de que existen los milagros tendría que ver curada una enfermedad orgánica. Recordó a la paciente con la que había coincidido y dijo que si ella se curaba él no volvería a dudar jamás. 

La enfermera de la peregrinación le preguntó si podían llevar a Marie Ferrand a las piscinas. Carrel la miró con sorpresa y le dijo que era posible que muriera en el camino pero si estaba decidida y para eso había hecho un viaje tan largo, que estaba de acuerdo. El Dr. Journet que había acompañado a sus pacientes a Lourdes, entró en la sala en ese momento y confirmó que Marie Ferrand estaba a punto de morir. 

Cerca de las 2 de la tarde Carrel se dirigió a las piscinas. Allí coincidió con el dr. Gouyot quien al ver a Marie también dijo que le parecía que estaba a punto de morir. Por su estado no la metieron en la piscina sino que le derramaron tres jarras de agua en el abdomen. A las 2.40 pm Marie empezó a dar muestras de alivio. Súbitamente Carrel se puso pálido pues vio como el abdomen de la enferma se iba aplanando lentamente. A las 3 de la tarde Marie estaba curada. El dr. Alexis  creía volverse loco. Observaba fascinado los movimientos respiratorios y la pulsación de la región del cuello, el ritmo era regular. Le preguntó cómo se sentía y ella respondió que se sentía curada aunque todavía débil. 

Carrel regresó a su hotel decidido a abstenerse de sacar ninguna conclusión. A las 7.30 pm se dirigió al hospital y fue al lado de la cama de Marie. Se quedó contemplándola con gran asombro. Estaba sentada. La respiración era completamente normal. Una gran confusión invadía el ánimo del médico. Vio la piel del abdomen lisa y blanca. Palpó el abdomen y todo había desparecido. El sudor inundó su frente, sintió como si le hubieran dado un golpe en la cabeza. Los doctores Journet y Gouyot testificaron la curación. 

Alexis Carrel subió los escalones de la Iglesia y empezó a rezar. Le decía a Dios que a pesar de que Él respondió a su súplica con un milagro resplandeciente, él aún dudada. El gran deseo de su vida era creer, creer apasionadamente. Y después se puso a escribir las observaciones de ese día. Por fin se desvanecieron todas sus dudas intelectuales y sintió una gran paz.

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