Una de las muchas cosas que los ateos critican a los creyentes es de actuar por interés para ganar el Cielo o por temor para no ir al infierno, y no dudo que hay creyentes así, son los que están todo el día pidiendo cosas a Dios y tratándolo como si fuera el genio de la lámpara mágica o el cajero de un banco. Pero como muchos ateos no profundizan, no se dan cuenta de que los verdaderos creyentes, al vislumbrar un poco de Dios, se enamoran de tal modo, que lo aman por lo que es, no por la recompensa prometida y...¿puede haber un amor más puro, más desinteresado que el de Dios por las criaturas? pues con ese amor (pero más imperfecto), ama a Dios el creyente.
Porque Dios le concede luces a quien lo busca, por eso el creyente sabe que "tanto amó Dios al mundo..." sabe lo que le ha costado a Jesús la obra de la Redención , medita estos misterios y solo aspira a amar a Dios con toda su alma y por tanto a los demás pues sabe que ellos han sido rescatados con la Sangre de Cristo. Este es un amor "por gracia" , es un amor que no puede tener un ateo, que solo ama a los que le quieren y les caen bien, pero no ama a sus enemigos, ni ama a Dios, que es la manera más perfecta de amar pues solo Dios se merece un amor total y carente de todo interés mundano.
El creyente ama a Dios con toda su alma y la única recompensa es verlo dichoso en el Cielo, aliviado ya de todo sufrimiento (con respecto a Cristo que se sometió a la carne y padeció mucho por los pecadores).
La recompensa que anhela el cristiano es Cristo mismo y la Trinidad entera, pero esto se les escapa a los ateos de medio pelo que solo miran la superficie de las cosas.
Qué bien lo expresaba la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia, fundadora de La Obra de la Iglesia, ella tuvo varias revelaciones místicas, ella dice:
"Siendo Dios todo en todos, y siendo todos Dios por participación, no habrá en el cielo más que Dios, porque todos nos amaremos unos a otros y nos gozaremos unos de otros, al ver en cada uno a Dios y cómo cada uno le ama y está en el grado máximo de amor puro, amándole según su capacidad.
Ya comprendo, Amor, por qué en el cielo todos nos amaremos tanto. Porque yo veré allí que todos tienen su alegría esencial en verte a ti tan dichoso; y, como todos están en ese grado máximo de amor que consiste en gozarse al verte a ti tan feliz, mi alma será también una acción de gracias a todas las almas porque te aman así.
Yo te daré gracias eternamente de que Tú seas tan dichoso, y te daré gracias eternamente, oh Amor, porque todos los seres que de ti participen tengan su mayor contento, estando en el grado máximo según su capacidad, en darte gracias de que Tú seas tan feliz".
(Carmen de Jesús Crucificado, O.C.D.S.)

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