Los casos de posesión son casos extremos de un hecho inmenso que se extiende por todo el universo espiritual: la lucha del bien contra el mal, de la Ciudad de Dios contra la Ciudad de Satán.
La posesión, colocada de nuevo en su marco, no es más que un episodio más llamativo de la inmensa pelea de los espíritus. Tiene su razón de ser precisamente en este carácter de visibilidad.
La mejor astucia del Diablo es la de persuadirnos que no existe, por eso Dios permite que el diablo posea a veces a algunas personas, para que se vea descubierto, para manifestar su presencia.
El demonio sabe, desde hace mucho tiempo, que los exorcismos son de uso corriente en la Iglesia, que tienen sobre él un poder temible, que sufre por ellos física y moralmente, es decir en su orgullo.
Para evitar el exorcismo se esfuerza por disimular el hecho de la posesión durante semanas y meses. En un ejemplo que citaremos más adelante, los exorcismos regulares sólo comenzaron al término de tres años. El objetivo de Satán parece haber sido en este caso particular, y ocurre lo mismo en muchos otros, hacer pasar a la poseída por loca para que la encerraran en un instituto psiquiátrico y así privarla de toda intervención espiritual.
Esta táctica del demonio se halla ya denunciada en el siglo XVII por el Padre Jean-Joseph Surin, y el Ritual donde se resume la experiencia secular de la Iglesia dice textualmente: "Los demonios tienen la costumbre de dar contestaciones erróneas y de no manifestarse sino con gran dificultad a fin de inducir al exorcista a renunciar o hacer creer que el paciente no está poseído."
Esta táctica del silencio y del incógnito es tanto más fácil en nuestros días cuanto muchos médicos, inclusive creyentes, no admiten ya la posibilidad de la posesión y tratan a los posesos por procedimientos naturales de los cuales el demonio se burla soberanamente.
Lo más delicado de todo, por lo tanto, es guardar el equilibrio, el justo medio, no creer demasiado pronto en la posesión, mientras que la hipótesis de una enfermedad natural no sea descartada, y no retardar el empleo de remedios naturales, propuestos por la Iglesia, cuando el hecho de la posesión se ha tornado certidumbre.
Las primeras sospechas de la presencia del demonio reposan sobre indicios que no son decisivos, pero a los cuales hay motivo para tener en cuenta si se desea ejercer un control más atento sobre el sujeto sospechoso. De acuerdo con Saudreau, citando a un especialista de su época, el doctor Hélot (en Neurosis y posesiones, "El diagnóstico"), los síntomas son los siguientes:
Convulsiones en las que puede discernirse una inteligencia extraña a la del paciente, con frecuentes alternativas de estados normales y anormales.
Movimientos extraordinarios que no pueden producirse sin adiestramiento prolongado, tales como saltos, bailes, equilibrios, reptaciones complicadas, golpes, llagas, caídas sin causa aparente, torsiones del cuello, de la nuca, etc.
Deformaciones, dolores intolerables, súbitamente aplacados mediante agua bendita, el signo de la cruz, el pan bendito, etc...
Pérdida súbita de los sentidos y de la sensibilidad, instántaneamente devueltos por un conjuro.
Gritos de animales, aullidos involuntarios e inconscientes, en el sentido de que el sujeto no los recuerda inmediatamente después.
Visiones extrañas y diabólicas en una persona de otro modo normal.
Iras y furores súbitos causados por la presencia de objetos benditos, o la vista de un sacerdote, o al pasar delante de una iglesia cuando se desea entrar en ella;
Imposibilidad de ingerir o de conservar alimentos benditos o bebidas benditas.
Todos estos síntomas separados o juntos son solamente indicios, pero deben despertar la atención. Importa, cuando se los comprueba, armarse de valor. Los exorcismos significan librar una batalla que puede ser dura y larga. No hay que retroceder ante los inconvenientes que pueda causar. El Ritual dice con mucha razón: "Los demonios suscitan todos los obstáculos que pueden levantar para impedir que el paciente sea sometido a exorcismos."
(Monseñor Cristiani, Presencia de Satán en el Mundo Moderno)

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