El Padre Jorge Loring no se anda con rodeos: el ateísmo no es un signo de modernidad o cultura, sino una clara deficiencia en el uso de la razón. Para él, la fe no es un sentimiento ciego, sino una exigencia del entendimiento que analiza la realidad con sentido común.
1. El mito de “Sólo creo lo que veo”
Muchos jóvenes hoy se escudan en la vista para negar lo espiritual, lo cual Loring califica como una “tontería”.
Los sentidos nos engañan: Vemos la Luna más grande en el horizonte, pero no es que se haya “inflado”; es un efecto óptico. Vemos brillar la estrella Sirio, pero como está a ocho años luz, si hubiera explotado hace cinco años, estaríamos viendo algo que ya no existe.
La superioridad del entendimiento: El entendimiento capta verdades que los ojos no ven, como el amor. Nadie ha contado todas las estrellas, pero la inteligencia nos dice, sin error, que su número es o par o impar. Del mismo modo, el entendimiento nos asegura que “el todo es mayor que su parte” o que “el hijo no puede ser más viejo que su padre”.
Si vemos humo tras una tapia, sabemos que hay fuego; al ver el cosmos, sabemos que hay Dios.
2. El cosmos es la obra de un Gran Matemático
La astronomía moderna, lejos de negar a Dios, lo confirma. Loring cita a James Jeans para afirmar que el cosmos es obra de un Gran Matemático, pues las leyes de la gravitación ya estaban en las estrellas mucho antes de que Newton o Kepler las formularan.
El Big Bang y el origen: La ciencia ha fijado el comienzo del universo hace unos 15,000 millones de años. Loring aplica la lógica más pura: “Todo lo que comienza, comienza por otro”. Si el cosmos tuvo un principio, necesita un Generador eterno, pues de la nada, nada sale.
La cumbre del conocimiento: Loring relata con humor la frase de Robert Jastrow: “tras años escalando la montaña del conocimiento sobre el origen del mundo, los astrónomos llegan a la cima y se encuentran allí sentados a los teólogos, que ya sabían la respuesta hace siglos”.
3. La naturaleza no es “sabia”, es el diseño de un Ingeniero
A menudo oímos hablar de la “sabia naturaleza”, pero Loring corrige: la naturaleza no sabe nada.
El ejemplo del torno: Un torno automático con seis cuchillas que hace piezas perfectas no es inteligente; la inteligencia reside en el ingeniero que lo proyectó y el obrero que lo preparó.
El milagro del huevo: Loring desafía a cualquier ateo a “inventar un huevo”. De un poco de yema y clara, al calentarse, sale un pollito con pico, ojos y plumas. Esto no es casualidad; es técnica de un ser inteligente al que llamamos Dios.
El libro que no se escribe solo: Si metes un millón de letras en un cubo y lo tiras al suelo, jamás saldrá un libro ordenado. El orden, la técnica y la organización del universo exigen una Inteligencia Ordenadora.
4. Evolución ¿del mono al hombre?
Loring aclara la postura de la Iglesia: no hay inconveniente en que el cuerpo humano provenga de un animal, pero el salto cualitativo es divino.
Si Dios no interviene, el mono sigue siendo mono hasta hoy.
Lo que nos hace humanos no es el cuerpo, sino el alma espiritual e inmortal que Dios infundió directamente.
5. Pruebas científicas: Sábana Santa y arqueología
La fe católica tiene “confirmación científica”.
La Sábana Santa: Loring la define como un documento científico de la Resurrección. La imagen no es pintura; se grabó por una radiación instantánea que solo pudo ocurrir cuando Cristo volvió a la vida.
San Pedro en el Vaticano: La arqueología ha identificado los huesos de San Pedro bajo el altar papal, confirmando la continuidad histórica de la Iglesia Católica desde Cristo hasta hoy.
Loring termina citando la Biblia: “El que viendo la naturaleza ignora a Dios, es un necio”. Ser creyente es un acto de honestidad intelectual. Si figuras como San Agustín o Santo Tomás de Aquino —lumbreras de la humanidad— fueron creyentes, es porque tenían razones y motivos sólidos para serlo. No es falta de ciencia, es falta de uso del cerebro.


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