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miércoles, 18 de febrero de 2026

JESÚS ERA DIOS


 

JESÚS AFIRMO QUE EL ERA EL HIJO DE DIOS EN SENTIDO NATURAL Y PROPIO.

HIJO EN SENTIDO NATURAL es aquél que por medio de la generación trae su origen de un viviente de naturaleza semejante; a saber tiene la misma naturaleza del Padre. La naturaleza no sería numéricamente diversa ni específicamente idéntica, como acontece en las generaciones humanas, sino que sería numéricamente la misma, ya que la naturaleza divina debe ser única.

JESÚS ERA DIOS. PRUEBAS:

JESÚS SE ASIGNA ATRIBUTOS DIVINOS.

 

a) Jesús se antepone a los príncipes de Israel ("aquí hay algo más que Salomón": S. Mateo 12,42; "Hay aquí algo más que Jonás": S. Mateo 12,41); igualmente se antepone al templo y a la ley de Yahvéh ("lo que hay aquí es más grande que el templo": S.Mateo 12,6; "el Hijo del hombre es Señor del sábado": S. Mateo 12,8).

 

Aparece en los evangelios como Señor superior a los ángeles: S. Mateo 13,41; 16,27; S. Marcos 13,32.

 

b) Jesús obra los milagros de tal manera que reclama para sí la potestad ilimitada y totalmente propia y absoluta, la cual también en aquél tiempo se atribuía exclusivamente a Dios. Y así por su sola voluntad sana a un leproso (S. Mateo 8,3); y cura a distancia al siervo del Centurión (S. Mateo 8,7): y sabe también que él hará resucitar a la hija de Jairo que había muerto (S. Marcos 5,35s); y sin ningún esfuerzo con su sola palabra calma la tempestad (S. Marcos 4,,39); y arroja a los demonios ejerciendo su poder sobre ellos y esto desde el principio de su vida pública (S. Marcos 1,25)...

 

Hace partícipes de estos poderes de, un modo absoluto a sus discípulos (S. Mateo 10,8); y sus discípulos los ejercen en nombre de El (S. Marcos 6,13; S. Lucas 10,17-19); y también otros arrojan demonios en nombre de Jesús (S. Lucas 9,49s).

 

JESÚS SE ATRIBUYE DE FORMA EQUIVALENTE UNA TITULARIDAD DIVINA IGUAL A LA DEL PADRE.

 

a) Se atribuye una potestad legislativa igual a la potestad del Padre. Por tanto la ley divina, que fue pronunciada por Yavhéh a los antepasados a saber a Moisés y a los Patriarcas de Israel (S. Mateo 5,21.27.31.33.38.43), Él Mismo la completa y la perfecciona (S. Mateo 5,22.28.34.39.44); Él Mismo rectifica (S. Mateo 5,32) el indulto divino acerca del libelo de repudio (Deut.24, 1); cambia la ley acerca del derecho del talión "ojo por ojo y diente por diente" (S. Mateo 5,38.42; Levitico 24,19.20). Ahora bien todo esto lo hace en la ley divina por propia potestad, no en virtud de una potestad meramente vicaria: "pero yo os digo... "; en efecto se trata de aquél que es también "Señor del sábado" (S. Mateo 12,8; véase, S. Juan 7,23).

 

b) Igualmente Jesús se adjudica el juicio para absolver pecados, el cual juicio es propio exclusivamente de Dios, y así se entendía en Israel (véase S. Mateo 9,3; S. Marcos 2,7); y no lo ejerce simplemente con potestad delegada y vicaria: y así afirma delante del paralítico que él tiene potestad de perdonar los pecados (S. Mateo 9,6); y perdona sus pecados a la mujer pecadora (S. Lucas 7,48-50); y comunica esta potestad a sus discípulos (S. Juan 20,23 y probablemente en S. Mateo 16,19; 18,18).

 

También Jesús mismo ejercerá al fin del mundo el juicio universal sobre todos los hombres de tal modo que El mismo va a enviar a sus ángeles (S. Mateo 13,41... ); y de tal forma que los condenados por El van a tener como castigo el apartarse de El (S. Mateo 7,23; véase, S. Mateo 24,29-31; 25,31-46; 26,64).

 

c) Jesús se constituye como el centro de todos los corazones y el objeto de la vida religiosa.

 

Jesús reclama para sí el amor por encima de todas las cosas, esto es el amor por encima del padre y de la madre y de los hijos (S .Mateo 10 , 3 7) ; la vida misma hay que entregarla por El (S. Mateo 10,39; 16,25); debemos seguirle rehusando totalmente nuestras cosas y negándonos a nosotros mismos, por más que tengamos que llevar la cruz de cada día (S. Mateo 10,38; 16,24; S. Lucas 9.23); si alguno le maldice a causa de El, será bienaventurado (S. Mateo 5,11); y hay que creer en El absolutamente bajo pena de condenación (S. Mateo 10,33).


Los argumentos anteriores se robustecen y se confirman en virtud de las claras expresiones con las que JESÚS PROFESA QUE EL ES EL HIJO DE DIOS EN SENTIDO NATURAL.

 

 (S. Mateo 11,27): todo me ha sido entregado παρεδόθη ) por mi Padre. Y nadie conoce ( έπιγιγνώσκει ) al Hijo (S. Lucas 10,22: nadie sabe quién es el Hijo) sino el Padre, y nadie conoce al Padre (S. Lucas: quién es el Padre) sino el Hijo y [aquél] a quien el Hijo quisiere revelárselo.

 

a) Según este texto el conocimiento del Hijo (quién es el Hijo, a saber quién es Jesús) es de tal naturaleza que ha sido reservado al Padre y es exclusivamente propio de Este. Ahora bien esto no puede decirse de una filiación meramente moral. Luego se trata de la filiación natural de tal índole que no puede ser entendida y penetrada por ninguna creatura ni puede ser conocida antes de la revelación.

 

b) Tampoco conoce nadie al Padre (quién es el Padre) sino el Hijo. Luego si el Hijo conoce esto en exclusiva, y solamente él entiende y penetra quién es el Padre, no se trata de un mero conocimiento abstracto de Dios, que es el que tienen los hombres, ni de un simple conocimiento intuitivo de Dios, que, según la doctrina de la revelación cristiana, podrían tenerlo las creaturas racionales; sino que se trata de algún conocimiento que no tiene que ser tenido con un entendimiento meramente creado y finito, sino que está reservado al entendimiento infinito, que posee el Hijo. Y éste podrá revelar a otros esto mismo: que existe en Dios la persona divina del Padre.

 

c) Según este texto existe también una coordinación del Hijo con el Padre, ya que atendiendo al paralelismo de los miembros el Hijo se comporta como el Padre por razón de la potencia cognostitiva y por razón del objeto conocido. Luego así como el Padre se entiende que es Dios, así también se entiende que el Hijo es Dios.

 

Partiendo de aquí quedarán más claras las palabras: Me han sido entregadas todas las cosas por mi Padre, a saber por medio de la generación también la naturaleza divina; y así como esto ha sido revelado por el Padre a los sencillos (V.25.26), así también el Hijo podrá revelar conocimientos correlativos acerca del Padre (V.27). Se confirma esto por el paralelismo con S. Mateo 28,18-20 donde Jesús, llegándose a los discípulos, les habló del mismo modo: "Se me ha dado todo el poder en el cielo y en la tierra" [me han sido entregadas todas las cosas por mi Padre]; y manda que los apóstoles hagan discípulos ( μαθητενσατε ) [aprended de mí]; y se enumera a sí mismo conjuntamente con la persona divina del Padre, de tal modo que todos los hombres deben ser bautizados y consagrados al nombre ( είς τό όνομα ) esto es a la majestad y a la dignidad de un solo Dios, a saber del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

SAN MATEO 16,13-20.

 

Versículo 13: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? (S. Marcos 8,27: ¿quien dice la gente que soy yo?; S. Lucas 9,18: ¿quién dice la gentes que soy yo?). Así Jesús pregunta en primer lugar qué piensan los otros, a saber las multitudes, respecto a su persona. La denominación del Hijo del hombre es en el Nuevo Testamento un nombre propio de Jesús, que se predica no como un nombre común sino que se dice exclusivamente de Jesús, y es solamente Jesús el que lo emplea, y cuando lo empleen otros, es sólo citando las palabras de Jesús o del Antiguo Testamento -este nombre contiene ya la mesianidad de su sujeto.

 

En el Versículo 14 responden los discípulos recibiendo las opiniones del pueblo. Unos le tienen como Juan Bautista (resucitado, véase S. Mateo 14,2), en cambio otros le tienen como Elías que debía venir de nuevo (véase, S. Mateo 17,10), o como Jeremías resucitado u otro de los profetas enviado para auxiliar al pueblo (véase, libro II de los Macabeos 15,14; 2,1-21; libro IV de Esdras 2,18).

 

En el Versículo 15 Jesús quiere que se contraponga a éstas opiniones del vulgo el criterio de los discípulos: vosotros, ¿quién decís que soy yo? Así pues no pregunta solamente acerca de su dignidad mesiánica, la cual debía suponerse ya conocida por los discípulos la cual estaba ya contenida con toda claridad en el nombre "del Hijo del hombre". Y por otra parte los discípulos mismos estaban persuadidos acerca de esta dignidad, según es de suponer; sino que Jesús pregunta sobre todo acerca de su naturaleza interna.




 

Versículo 16:-Tomando la palabra Simón, dijo: Tú eres el Cristo ( ό χριστός  , el Mesías), el Hijo de Dios vivo. όνίός τοΰ θεοΰ τοΰ ζώντος )) 

 

Versículo 17: Jesús acepta esta denominación: bienaventurado tu Simón Bar Iona [hijo de Juan, como yo soy el Hijo de Dios], porque no es la carne ni la sangre quien eso te ha revelado, sino mi Padre que está en los cielos. Luego a Pedro, como a un niño en espíritu, le ha sido hecha la revelación de la que hablaba antes S. Mateo 11,25 acerca de la naturaleza interna de Jesús.

 

Versículos 18-20: Sigue Jesús hablando con Pedro con autoridad totalmente propia de El y absoluta: "Y yo te digo...; y sobre esta piedra edificaré mi iglesia...". De este modo habla acerca de su obra después de la profesión de su naturaleza interna, de un modo paralelo a como en S. Mateo 11,25-30 después de la manifestación de su divinidad hablaba acerca de su yugo y del modo como entrar a tomar parte de sus discípulos; y repetidamente en S. Mateo 28,18-20 ("Me ha sido dado todo poder... bautizándoles en el nombre... del Hijo... enseñándoles a observar todo [hacer discípulos]").

 

Jesús acepta y alaba la respuesta que ha dado Pedro acerca de El; es así que en esta respuesta se afirma la filiación divina natural de Jesús; luego sáquese la consecuencia.

 

En una ocasión solemnísima, al final de la vida pública de Jesús y poco antes de morir, en presencia del Sanedrín constituido solemnemente, y habiendo sido interrogado por el Sumo Pontífice con su autoridad suprema, Jesús confesó de modo manifiesto su divinidad.

 

S. MATEO 26,63: Y el Pontífice le dijo: te conjuro por Dios vivo; dí si eres tú el Mesías, el Hijo de Dios. (S. Marcos 14,61: ¿tú eres el Cristo, el Hijo de Dios bendito?). S. Lucas hablando de otra reunión del Sanedrín celebrada por la mañana distingue dos modos de interrogar; V.66: si tú eres el Cristo (el Mesías), dínoslo; V.70: ¿luego eres tú el Hijo de Dios?

 

A estas preguntas que le hacen a Jesús la noche de su pasión, contesta afirmando en sentido totalmente pleno que él es Hijo de Dios, S. Mateo 26,64: díjole Jesús: "Tú lo has dicho. Y os declaro que desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la diestra del Padre, y venir sobre las nubes del cielo".



 

Y S. Lucas 22,70 nos transmite las palabras de Jesús pronunciadas al amanecer del día de su muerte: Yo soy.

 

Estas palabras todos las consideraron blasfemas; y por ello le condenaron a muerte.

 

Esta afirmación es escuchada como una blasfemia y con enorme horror (en efecto el Sumo Sacerdote se rasgó las vestiduras), y todos dijeron: "reo es de muerte...". En verdad no sería tal blasfemia si Jesús se hubiese atribuido solamente una filiación moral, o sea la misión mesiánica.

 

Entre las injurias de aquéllos que blasfemaban de Jesús cuando pendía de la cruz, sobresale ésta: Si eres el Hijo de Dios, baja de la cruz (S. Mateo 27,40), "Pues dijo: Soy el Hijo de Dios" (S. Mateo 27,43); lo cual en verdad no parecería que debía ponerse de relieve de este modo, si solo se tratara de una filiación moral, esto es de la mesianidad.

 

En el evangelio de S. Juan aparecen muchos textos en que Jesús de un modo manifiesto dice que Él es el Hijo de Dios, o bien se atribuye tales cualidades donde debe entenderse su filiación divina natural.

 

Entre los textos de S. Juan hay que citar principalmente los siguientes:


* Jesús se llama el Hijo de Dios: S. Juan 5,17.25; 8,35s; 11,4.27; 20,17.

* Afirma su pre-existencia: 3,13; 6,32; 8,58; 17,5; "salió" en efecto del Padre: 6,33.38.46.50ss.62; 7,16.28ss; 8,18.23.42; 11,42; 16,27; 17,8; "ha visto" al Padre: 3,11; 6,46; 8,38.

* Afirma la igualdad que tiene con Dios; y ciertamente en el obrar: 5,17ss.30; 8,18; 14,10; en el conocer: 10,15 (véase, S. Mateo 11,25ss); en el ser: 5,18; 10,30.33.36; 12,44ss; 14,7.10.20; 16,15; 17,10.21.

San Juan enseña de modo clarísimo en su evangelio esta divina filiación de Jesús de tal modo que tiende a ello todo su evangelio, según dice al final, "Para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre" (20,31); y declara solemnemente en el prólogo que se trata de la filiación natural, al decir: Al principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios y el Verbo era Dios (1,1); y dice que el Verbo hecho carne tiene la gloria como de Unigénito del Padre (1,14), esto es que tiene verdaderamente la gloria que es propia del Unigénito del Padre.

 

Cuando Jesús se llama Hijo de Dios (v.gr. S. Juan 5,17: "mi Padre sigue obrando todavía, y por eso obro yo también..."), los judíos lo entienden en el sentido de filiación natural: "por esto los judíos buscaban con más ahínco matarle, pues no solo quebrantaba el sábado sino que decía a Dios su Padre, haciéndose igual a Dios" (V.18). Lo cual Jesús no lo corrige de ningún modo, sino que lo confirma afirmando la unidad de su operación (y aún más la unidad de su naturaleza) con el Padre (V.19); igualmente afirma el juicio que le ha sido entregado y la comunidad de honor con el Padre, "a fin de que todos honren al Hijo así como honran al Padre" (V.22ss).

 

Esto mismo se afirma en S. Juan 10,30: Yo y el Padre somos una sola cosa. En efecto lamentándose Jesús de que le apedrearan los judíos, éstos le responden: "Por ninguna obra buena te apedreamos,.- sino por la blasfemia, porque, siendo hombre, te haces Dios" (V.33).

 

4. Y si Jesús responde (V.34ss) haciendo alusión a la Sagrada Escritura, que llama dioses a los jueces y a los hombres (véase, Salmos 82,6; 1 Cor. 8,5), esto no invalida la fuerza del argumento que hemos dado; sino que solamente muestra Jesús con un argumento "ad hominem" que ni siquiera por esto deben indignarse los judíos.

 

LOS TESTIMONIOS DE LOS APÓSTOLES. Acerca de la divinidad de Jesús confirman que Jesús tuvo esta persuasión y esta conciencia de su divinidad; y deben acudir como a fuente a este testimonio de Jesús sobre sí mismo.

 

Entre los muchísimos testimonios de los apóstoles, implícitos o explícitos, sobresalen en los Hechos de los Apóstoles las palabras de S. Pedro que aplica a Jesús el Salmo 109,1 acerca del Mesías-Señor de David (Hech. Ap. 2,34 puesto en relación con S. Mateo 22,43­45); igualmente S. Pedro llama a Jesús autor de la vida (Hech. Ap. 3,15).

 

en S. Pablo, además de la denominación de Kyrios aplicada a Jesús, con el cual nombre se designa ciertamente en los LXX a Yahvéh (Adonai), los textos de más renombre son los siguientes:

 

* Filipenses 2,5-7 al hablar de Jesucristo "quien, existiendo en la forma de Dios [teniendo naturaleza de Dios], no reputó codiciable tesoro mantenerse igual a Dios, antes se anonadó, tomando la forma de siervo [la naturaleza de hombre]...".




* En Tito 2,13 trata S. Pablo de la expectación de la bienaventurada esperanza en la venida gloriosa del gran Dios y salvador nuestro, Cristo Jesús.

* En Romanos 9,5 dice S. Pablo que según la carne procede del pueblo de Israel Cristo, que está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos.

* En Hebreos 1, lss se dice que Dios nos ha hablado en su Hijo, el cual el Apóstol le contrapone a los profetas (que eran hijos de Dios en sentido moral) y le pone como superior a los ángeles.

 

(TEOLOGÍA, MERCABA)


JESÚS ERA EL MESÍAS ANUNCIADO



 


 JESÚS NAZARENO TESTIFICÓ QUE EL ERA EL MESÍAS

 

 MESÍAS es una forma helenizada del vocablo arameo  פש׳חא (meshiha'), extraída del vocablo hebreo פש׳ח (mashiáh), en griego όΧριτός (ó Christos), en latín ungido.

Este nombré dé Cristo -según veremos detenidamente después, al tratar dé los vaticinios mesiánicos-, sé aplica al Príncipe y Liberador qué ha dé venir para traer la salvación.

Esta denominación de Jesucristo, como el ungido por antonomasia, se le atribuía, por el hecho de que en virtud de las profecías que se anunciaban acerca de Él, tenía como propia una triple dignidad:

 

        * La de rey (v.gr. Salmos 2,6-8),   

   

        * La de profeta (Deut 18,15 s),   

 

        * La dé sacerdote (Salmos 109, 4).

Puesto que el Mesías iba a ser Rey, sus cualidades o prerrogativas se muestran al considerar las propiedades de las que se haya dotado et antiguo Testamento et reino mesiánico, esto es et gobierno y la potestad del Mesías. Así pues, et reino del Mesías se predicaba:

 

* Eterno (2 Reyes 7,13.16 [Véase, Salmos 88, 29 s. 37s.]; Salmos 71,5-7; Isaías 9,7; Daniel 7,14.27...).

 

* Universal (Génesis 12,3; 18,18; 22,18; 26,4; 28,14; 49,10; nums. 24, 17-23; Salmos 2,8s; 21,28s; 71,8-11; Isaías 2,2-4; 66,19s; Miqueas 4,1-3; Daniel 7,14.27; Malaquías 1,11...).

 

* Externo y visible (Isaias 2,2s; 11,10; Miqueas 4,1s; Malaquias 1,11...)

 

* Nuevo, con un nuevo sacrificio y un nuevo culto (Malaquias 1,11s), con un nuevo sacerdocio (Isaías 66,20s), con una nueva ley (Jeremías 31,31-33);

 

Doctrinal, esto es que anuncia una doctrina (Deut 18,18; Isaías 2, 3; Salmos 2,6;21,23...)

 

Espiritual y dispensador de los bienes por gracia (Isaías 11,1-9; Jeremías 31,34; 50,20...).


PRUEBAS DE QUE JESÚS ERA EL MESÍAS:

 

 LOS APÓSTOLES ATRIBUYEN CONSTANTEMENTE A JESÚS ESTA DIGNIDAD Y ESTE NOMBRE. 

Obran de este modo en sus evangelios: En efecto la finalidad de San Mateo es mostrar que Jesús es el Mesías anunciado de antemano por los profetas, la cual la aclara abundantemente aduciendo con mucha frecuencia las palabras de Jesús "para que se cumpliera la que ha sida dicho por el profeta" (en muchos lugares); y Juan escribió para que creyeran "que Jesús es Cristo" (S. Juan 20,31). Esto mismo hacen también los apóstoles "en su predicación" (Hech. Apost. 2,36; 3,18; 4,10...); es así que la razón suficiente de hacer esto en tales testigos tan veraces, hasta la muerte, los cuales vivieron con Jesús mismo tan frecuentemente, no puede ser mas que el hecho verdadero mismo, a saber, que Jesús se tuvo a sí mismo como el Mesías y afirmó que lo era; luego Jesús se tuvo en realidad como el Mesías y dijo que era el Mesías.

 

JESÚS PREGUNTADO EXPRESA PÚBLICAMENTE QUE ERA EL MESÍAS Y así, como fuera preguntado por las discípulos de Juan el Bautista sobre si era (el Mesías) que iba a venir, apela de forma absoluta a todo la que se esperaba a cerca del Mesías, a saber, apela a que los milagros que había realizado (S.Lucas 7,18-23; S.Mateo 11,1-6; puesto en relación con Isaías 35,4-6; 61,1). Del mismo modo lo afirmó, cuando fue expresamente preguntado por el pontífice Caifás (S.Mateo 26,63s; S.Marcos 14,61s).

 



JESÚS SE IMPONE A SI MISMO TÍTULOS MESIÁNICOS Y ACEPTA LOS QUE SE LE DESIGNABA POR AQUEL TIEMPO AL MESÍAS. 

Jesús confiesa claramente que es Mesías ó Cristo, cuando habla con la samaritana (S. Juan 4,25-27: Yo soy, el que contigo habla). Y anteriormente, ya en el comienzo de la vida pública le había designado de este modo Andrés al decir a Simón: Hemos hallado el Mesías (S. Juan 1,41). Expresamente acepta y alaba la confesión de Pedro, hecha en nombre de todos los apóstoles: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo (S. Mateo .16,16s; Véase, S. Marcos 8,29; S. Lucas 9,20). Él mismo se adjudica este título: Uno solo es vuestro Maestro, Cristo (S. Mateo 23,10) y alaba la misericordia tenida con los apóstoles en su nombre porque sois de Cristo (S. Marcos 9,41); y dice que no crean a aquéllos otros que dijeren: Aquí está el Mesías, porque se levantarán falsos Mesías y falsos profetas (S. Mateo 24,23s). Y esta es la vida eterna, que te conozcan a TI, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo (S. Juan 17,3). Por último afirmó solemnemente su mesianidad en presencia del Sanedrín (S. Mateo 26,63s; S. Marcos 14,61s); y aparece después de su resurrección adjudicándose esta dignidad, al hablar con los discípulos en el camino de Emaús (S. Lucas 24,26) y con los otros discípulos (S. Lucas 24,46).

 

Natanael le llama Rey de Israel (S. Juan 1,49); es proclamado también Rey de Israel por el pueblo el día que fue recibido con palmas (S. Juan 12,13; Véase, S. Mateo 21,1s; S. Marcos 11,10; S. Lucas 19,38), por el buen ladrón en la cruz (S. Lucas 23,42); y Él mismo acepta este título, por más que alguna vez huyera del tumulto del pueblo que quería hacerlo rey después de la multiplicación de los panes (S. Juan 6,15). Jesús mismo habla acerca de su reino (S. Mateo 13,41) al explicar la parábola de la cizaña; en S. Mateo 25,34.40 cuando el rey habla a aquéllos que estarán a su derecha); y afirma que El es rey cuando es preguntado por  Poncio Pilato (S. Mateo 27,11s; S. Juan 18,33-37; Véase, S. Mateo 27,27-29; S-.Marcos 15,16,18; S. Lucas 23,2s nos habla acerca de la injurias que le dirigieron los soldados a causa de éste título de rey; y de forma semejante hablan los evangelistas acerca de las imprecaciones de la turba y de los sacerdotes delante de la cruz, por el hecho de que Jesús dijo que El era el rey de Israel: S. Mateo 27,42; S. Marcos 15,32; S. Lucas 23,37; lo cual se confirma también por la inscripción del la cruz; S. Mateo 27,37; S. Marcos 15,26; S. Lucas 23,38; S. Juan 19,19-21).

 

HIJO DE DAVID. Este era también un título mesiánico, puesto que el Mesías debía provenir de David (Véase n.595s.610; S. Mateo 12,23; 22,42...). De este modo le aclaman los ciegos (S. Mateo, 9,27; 20,30-34) y la mujer cananea (S. Mateo 15,22); por último los apóstoles y el pueblo así le aclaman al entrar Jesús en Jerusalén (S. Mateo 21,9.15s).

El que ha de venir ( ό έρχόμενος , con artículo, dando a entender una persona concreta a la que se espera) cuando es preguntado por los discípulos de Juan Bautista (S. Mateo 11,3-5).

 

El Profeta ( ό προφήτης , igualmente con artículo, significando esta palabra el profeta determinado, al que se refirió Moisés en Deut. 18,15-18; véase, S. Juan 5,46). Así le llaman las turbas después de la multiplicación de los panes ((S. Juan 6,14), y algunos el último día de la fiesta al discutir acerca de él (S. Juan 7,40); y Jesús acepta ésta denominación cuando dice que Moisés escribió acerca de él (S. Juan 5,46).

 


EL TITULO DEL HIJO DEL HOMBRE. Jesús se impone a sí mismo el título del "Hijo del hombre"; es así que el título del "Hijo del hombre" es un título mesiánico. Luego Jesús se impone a sí mismo un título mesiánico.

 

La mayor consta por la lectura de los evangelios, donde se ve que Jesús se impone a sí este nombre desde el comienzo de su vida pública; y que tal nombre se usa solamente tratándose de Jesús y no de otro; y que aparece solamente en boca de Jesús (si hacemos excepción de los textos de S. Lucas 24,7; y de S. Juan 12,34, los cuales no obstante refieren las palabras mismas de Jesús):

 

S.Mateo 8,20; 9,6; 10,23; 11,19; 12,8.32.40;13,37.41; 16,13.27s;17,9.12.22;[18,11]; 19,28; 20,18.28; 24,27.30 [acerca de la venida del Hijo del hombre en las nubes del cielo con gran poder y majestad]; 37.39.44; 25.31 [sobre la venida del Hijo del hombre en su majestad para juzgar a los hombres]; 26,2.24.45.64 [anuncia en presencia de Caifás al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder de Dios y viniendo en las nubes del cielo].

 

S. Marcos 2,10.28; 8,31.38; 9,9.12.31; 10,33.45; 13,26; 14,21.41.62.

 

S. Lucas 5,24; 6,5.22; 7,34; 9,22.26.44. [56].58; 11,30; 12,8.10.40; 17,22.24.26.30; 18,8.31; 19,10; 21,27.36; 22,22.48.69; 24,7.




 

S. Juan 1,51; 3,13.14; 5,27 [el Padre dio al Hijo la potestad de juzgar, ya que es el Hijo del Hombre]; 6,27.53.62; 8,28; 12,23 [viene la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado; V.32.33: "Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí" (Decía esto dando a entender que clase de muerte iba a morir). 34 [La gente se extraña de que, siendo así que Cristo permanece eternamente, sea menester el que el Hijo del hombre deba ser levantado en alto]; 13,31.

 


OBJECIONES.

 

1. A veces parece que Jesús no aceptó la dignidad y los honores mesiánicos. Y así huye sólo al monte, cuando las turbas reconocen que El es en verdad aquél profeta que va a venir al mundo, y cuando quieren hacerle rey (S. Juan 6,14s); de forma semejante después de haber realizado milagros en Cafarnaúm se marchó al desierto, a pesar de que las turbas le buscaban (S. Marcos 1,35-38). Igualmente prohíbe que se divulguen sus milagros con los que fácilmente sería reconocido como Mesías (S. Marcos 1,43s; 5,43; 7,36; 8,26; S. Mateo 9,30).

 

Respuesta: En estos textos Jesús no niega su mesianidad ni tampoco los testimonios aducidos por Él acerca de dicha mesianidad; sino que ciertamente se indica una cierta cautela en el modo de proceder a saber para evitar los levantamientos políticos del pueblo, y para que no pareciera que El aprobaba las ideas terrenas que tenían acerca del Mesías. De éste modo procedía también gradualmente hasta tanto que quedara fijado el sentido con el que quería ser reconocido como el Mesías; y al mismo tiempo para evitar las envidias de los adversarios. No obstante si no había por qué temer éstos peligros, a veces él mismo exhortaba a que el milagro fuera hecho público (S.Marcos 5,19) y a que fuera reconocido (S.Lucas 17,18).

 

2. Jesús no permitía tampoco el que los demonios dijeran que El era el Cristo (S.Marcos 1,25.34; 3,12).

 

Respuesta: De este modo hubiera podido fácilmente surgir la sospecha acerca de trato con ellos; y de hecho hubo calumnias acerca de que echaba los demonios con el poder de Belzebú (Véase, S. Marcos 3,22-30), y esto no mucho después. Además podía parecer inconveniente el que fuera proclamado Mesías por los demonios mismos.

 

3. Jesús también ordenó a sus discípulos "Que no dijeran a nadie el que El era Jesucristo" (S. Mateo, 16,20; S. Marcos 8,30; S. Lucas 9,21).

 

Respuesta: Esta prohibición no es definitiva, sino hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos cuando se hablaba acerca de la visión de la transfiguración (S. Mateo 17,9). Y esta prohibición fue hecha cuando su mesianidad fue ya propuesta de forma abundante al pueblo y fue rechazada; ahora bien el Señor no quería excitar más el odio de los príncipes ni provocar un clamor popular inútil e inoportuno.

 

4. En cuanto al nombre del Hijo del Hombre puede parecer extraño el que no aparezca con frecuencia en otros libros del Nuevo Testamento, a excepción de los evangelios.

 

Respuesta: Los evangelios son fuentes totalmente históricas y esto se ve mucho más en este nombre empleado por Jesús, el cual aparece con tanta frecuencia en ellos. Ahora bien si otros libros del Nuevo Testamento no lo emplean, puede ser por el hecho de que los paganos no tenían tanto conocimiento de la profecía de Daniel, a la cual hacía alusión; y además por el hecho de que mediante el nombre del Hijo de Dios quedaba mejor inculcada la filiación divina del Mesías, la cual es la que más debía proponerse a los paganos. Además aquélla expresión tenía un sabor a la forma y a la índole aramea de la lengua, más que a la forma griega.

 

5. En S.Juan 5,27 encontramos en el texto griego Hijo del Hombre sin el artículo que determine a la persona individual.

 

Respuesta: Es verdad ciertamente, sin embargo por el conjunto de todos los textos y por el tema del cual se trata en S.Juan 5,27 consta suficientemente que se trata de una persona totalmente determinada; y de éste modo la potestad de juzgar que se le otorga, no es por ser simplemente hombre (entendido en sentido genérico o sentido poético), sino por ser tal hombre determinado, a saber el Mesías.

 

Y "porque si alguien se avergonzare de mí y de mis palabras ante esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles" (S. Marcos 8,38).


(SUMA DE LA SAGRADA  TEOLOGÍA ESCOLÁSTICA, MERCABA)

martes, 17 de febrero de 2026

EL PRINCIPIO ANTRÓPICO MANUEL CARREIRA, SJ

 


A partir de la década de los treinta se da una reacción que afirma, cada vez con argumentos más fuertes y detallados, que el hombre está en un tiempo y en un lugar atípicos y privilegiados en muchos aspectos.

No solo debemos dar razón de que el universo exista, sino de que exista de tal manera y con tales propiedades que la vida inteligente pueda desarrollarse en él. Tal es la razón de que se formule el principio antrópico, en que el hombre aparece como condición determinante de que el universo sea como es.

Las primeras sugerencias de una conexión entre vida inteligente y las propiedades del universo en su momento actual aparecen en las relaciones adimensionales hechas notar por Eddington: la razón de intensidad entre fuerza electromagnética y fuerza gravitatoria, entre la edad del universo y el tiempo en que la luz cruza el diámetro clásico de un electrón, entre el radio del universo observable y el tamaño de una partícula subatómica, nos da cifras del orden de diez elevado a la potencia 40. 

El número de partículas nucleares en todo el cosmos se estima como el cuadrado de ese mismo número. ¿Son éstas coincidencias pueriles o esconden un significado profundo? Cualquier variación en los parámetros fundamentales de la materia  llevaría en sus consecuencias calculables a una imposibilidad de evolución hasta el nivel humano. 

Por tanto, el universo debe poseer desde su primer instante las condiciones que permitirán su evolución hacia la vida y su realización en algún momento de su historia: es el principio antrópico fuerte.

Al hacer un resumen de las diversas formulaciones del principio antrópico, podemos aceptar su denominador común: el universo tiene características, al parecer no impuestas por ninguna necesidad física previa, gracias a las cuales es posible la vida inteligente, al menos en nuestro planeta. 

Si nos preguntamos por la razón de que así sea, aparecen como posibles dos soluciones: o bien nuestro universo las tiene “por casualidad” o porque ha sido diseñado para nuestra existencia. Veamos las implicaciones de ambas con un análisis cuidadoso del significado de cada concepto y de sus consecuencias físicas y filosóficas.

EL AZAR COMO ALTERNATIVA

Aceptar que todos los parámetros físicos iniciales tienen el conjunto de valores y relaciones que permiten la vida futura sólo por casualidad, no tiene sentido en el caso de un solo universo, pues el azar es correlativo de la probabilidad de diversos resultados en muchos casos similares. 

Los proponentes de esta solución acuden, en consecuencia, a la hipótesis de infinitos universos, simultáneos, o consecutivos. La inmensa mayoría de ellos serán estériles, pues es mucho más probable cualquier variación incompatible con la vida que la coincidencia de todos los parámetros adecuados. Pero en tal conjunto infinito deben darse todas las posibilidades, incluyendo el universo que habitamos: nuestra existencia es el resultado lógico de la infinita variabilidad de condiciones iniciales que no “prevén” al hombre, sino que llevan a él necesariamente en algún lugar y momento.

La infinitud sucesiva de universos se sugiere como modo de evitar también los problemas de origen y de fin. En un universo cerrado, cuya expansión da lugar a contracción y colapso, se espera un nuevo Big Bang al final de cada ciclo, con una restructuración de todas las propiedades físicas, desde la dimensionalidad del espacio hasta el número, tipo de fuerzas y de partículas elementales, pero resulta que ni los datos experimentales ni las teorías aceptables permiten el colapso, ni es evitable un total derrumbe de la materia en un agujero negro en caso de ocurrir.

Tampoco hay base científica para sugerir un rebote explosivo del agujero negro: no hay un paralelismo entre el Big Bang, que ocurre sin espacio circundante ni etapa difusa previa, y el supuesto rebote en un espacio ya existente y después de una contracción impuesta por la atracción gravitatoria entre las grandes masas de los cúmulos de las galaxias, cuya velocidad llegaría a frenarse totalmente antes de comenzar la segunda parte del ciclo. 

La radiación no es frenada y cada ciclo comenzaría con un porcentaje menor de masa y con más radiación como resultado de la evolución estelar.

De esta manera se excluye la posibilidad de infinitos ciclos en el pasado (incompatibles con la entropía del universo en la actualidad), y se debe predecir un universo abierto después de un número finito de ciclos en el futuro. 

Así lo demostraron Tolman —hace más de 60 años— y más tarde Novikov y Zeldovich, Dicke y Peebles.

No es tampoco aceptable como teoría física la de Hawking, de un universo sin principio ni fin, porque es cíclico en un “tiempo imaginario”. El mismo Hawking admite que en el tiempo real el universo tuvo principio, mientras siguen con todo su valor las medidas de densidad y otros parámetros que precluyen el colapso.


UN CREADOR QUE DISEÑA EL UNIVERSO

Queda pues, como única solución explícita a la adecuación del universo para la vida inteligente, admitir que sus características han sido diseñadas para este fin. 

Entra así en la discusión el concepto de finalidad, algo intangible, no cuantificante ni explicable por ninguna ecuación o actividad de las cuatro fuerzas de la materia. 

Deja de tratarse de un principio físico, pues no conduce a ninguna predicción experimentalmente verificable. Nos encontramos en el terreno de la metafísica, aunque los datos que nos llevan a su formulación provengan del estudio de la realidad material a todos los niveles.

Wheeler, uno de los más prestigiosos físicos actuales, propone la siguiente cadena de raciocinio, punto de partida de su principio antrópico participatorio:

La propiedad más básica y universal de la materia es la mutabilidad. Ésta implica la ajustabilidad. Y todo lo que es ajustable, debe ser ajustado para que sea de una manera concreta. Por tanto, el universo fue ajustado en sus primeros instantes. Comoel ajuste es lo más restrictivo cuando se exige que el universo alcance la estructuración que permite la vida inteligente, hay que concluir que ya desde el primer momento todos los parámetros se ordenan a la existencia del hombre.

Cuando se pregunta por el autor de este “ajuste”, Wheeler recurre al concepto de “observador cuántico”, que causa el colapso de la onda de probabilidad que describe a un sistema, y vuelve “real” uno de sus posibles estados. Y así llega a la sorprendente afirmación de una causalidad circular: el hombre, conociendo al universo, determina cómo fue éste en su comienzo, para que luego pueda aparecer él, que va a ser responsable de ese ajuste inicial. 

Realmente es un modo de razonar jamás visto en ciencia alguna, aunque busque su apoyo en los experimentos cuánticos de selección posterior, explicada por algunos autores por una especie de causalidad retroactiva. Pero nunca se sugiere que tal causación, aun si se acepta, condicione la misma existencia del observador que la produce.

Para Wheeler, sólo es “real” un universo que es observado, pero no explica ni el concepto de “real” ni tampoco quién es responsable de la observación o en qué momento. 

Parece arbitrario afirmar que es “el hombre” el que ejercita su papel de observador, cuando aun hoy la casi totalidad de la población humana sería incapaz hasta de comprender qué debe observar y cómo debe determinar las constantes físicas en un pasado desconocido de hace 15 eones. 

 Hemos llegado a la médula del problema: lo que Wheeler formula y presenta como mutabilidad es una manifestación de la contingencia, concepto filosófico que afirma la incapacidad esencial de existir por sí mismo de todo aquello que es cambiante. Solamente un Ser necesario, inmutable, no material, sin limitación alguna, puede existir por su propia esencia, y puede dar razón suficiente de que exista lo que no es necesario sino contingente.

Así llegamos a la última posible interpretación del principio antrópico: el universo ha sido ajustado por su creador, ya desde el primer momento, con la finalidad de que su evolución lleve a condiciones compatibles con la vida y su desarrollo hasta el máximo nivel en la vida inteligente. Con tal afirmación se da una razón suficiente de que “exista algo en lugar de nada”: el creador busca últimamente la existencia de seres inteligentes dentro del mundo de la materia. Es sorprendente que sea la física la que nos lleva a este punto de vista.

CREACIÓN Y FINALIDAD

Todo agente que actúa de manera inteligente lo hace por un fin, conocido y querido y que determina los medios para alcanzarlo. El creador de potencia infinita, que puede dar el ser al universo en un paso total de nada a algo, debe conocer todas las posibilidades de una infinitud de universos potenciales, y elegir entre ellos aquel que se ajusta a un fin determinado con libertad, pues no se trata de una actividad de emanación necesaria o de desarrollo interno “dialéctico” de algo cambiante en su ser intrínseco, sino de creación estricta de una realidad de orden inferior.

Es una inteligencia infinita la que prevé todas las consecuencias de cada posible variación de parámetros físicos, en toda la historia ilimitada de cada partícula y sus combinaciones. Y es una voluntad libre la que elige crear uno de esos conjuntos materiales, con prioridades y leyes adecuadas para que se obtenga el fin previsto como resultado cierto de la actividad de que se dota a la materia en el momento de crearla. 

El creador no tiene que acudir a remediar fallos en la evolución de su obra, ni puede ser sorprendido por ninguna etapa de su desarrollo que va a ocurrir en todo momento gracias a la acción conservadora de lo que, de otro modo, volvería de forma instantánea a la nada.

Dice Pagels que el principio antrópico es lo más que pueden acercarse algunos científicos ateos a la admisión de un Dios creador, pero por quedarse corto en sus afirmaciones, deja de manera simultánea de ser científico y de dar una respuesta filosófica. En cambio, dice él, puede uno ser más explícito y consecuente afirmando el principio antrópico teístico: el universo parece hecho a la medida del hombre porque ha sido, realmente, hecho para el hombre. 

La ciencia no prueba la existencia de Dios creador, pero sienta las bases para un raciocinio metafísico que lleva lógicamente a Él. Y no es éste un concepto abstracto de una “totalidad cósmica” o una “naturaleza” personificada en forma mitológica, ni tampoco un Dios que crea como un ejercicio banal de su potencia y no se preocupa del hombre, sino un Dios personal, inteligente y libre, cuyo crear es, en última instancia, un acto de benevolencia y amor, que no impone la actividad creativa, pero es razón suficiente de ella: el bien tiende a comunicarse a otros.

Sólo desde este punto de vista puede justificarse también la existencia de un universo cuya evolución futura lleva, inexorablemente, a la destrucción de todas las estructuras y condiciones que hacen posible la vida. Para que el universo no sea “una broma de mal gusto” hay que salvar de la futilidad la misma existencia del hombre, hacia el cual va dirigida su creación. 

En la relación personal del hombre con Dios, toda la realidad material se vuelve hacia su creador, porque el hombre, inteligente y libre, es “imagen y semejanza” suya, capaz de reconocer y agradecer su existencia y la de todo lo que le rodea y ha hecho posible su vida misma. En esta respuesta encontramos algo nuevo, por encima de la simple belleza de fuegos artificiales de estrellas y galaxias, que han cumplido su cometido al preparar la venida del ser humano.

Pero aun así tiene que aparecer sin suficiente valor la actividad humana, si también ella es algo fugaz y destinada a la disolución final. La respuesta total debe encontrarse en el hecho indudable de la presencia en el hombre de una actividad nueva (que no puede reducirse a las cuatro fuerzas que definen a la materia): conciencia, pensamiento abstracto, actos libres. Su única explicación lógica es la admisión de una realidad no material, aunque íntimamente unida a la materia y condicionada por ella en su proceder. Y lo que no es material puede, en principio, seguir existiendo aunque la materia se desmorone. Ni la física ni la filosofía pueden ir más allá, pero ya esto basta para salvar al universo de ser absurdo: ha permitido que exista una realidad no material, no limitada por el marco de espacio-tiempo propio de la materia, y capaz de sobrevivir a su destrucción en un no tiempo inimaginable. 

Más todavía nos promete la teología cristiana, apoyada en la revelación: la materia misma, parte esencial del hombre, se salvará de la futilidad en la resurrección.

(Manuel Carreira, sacerdote jesuita, teólogo, filósofo y astrofísico español;​ miembro del Observatorio Vaticano)

sábado, 14 de febrero de 2026

CRISTO RESUCITADO ES LA RAZÓN DE NUESTRA FE

 


Dónde está el cielo. ¡En ningún sitio! El cielo no es un sitio: es un “modo de existir”. Y ¿cuándo ocurren las cosas en la eternidad? ¿En un tiempo muy largo? No ocurren en un tiempo. La eternidad es la presencia total del ser que no transcurre a lo largo de un tiempo. Seremos, en ese sentido, como Dios. Esto es decir algo muy atrevido, pero no estoy inventándomelo. San Juan dice que “seremos como Dios, porque le conoceremos como Él es”. Para conocer a Dios como Dios es, uno tiene que ser como Él, porque sólo Él puede conocerse, literalmente, como Él es. Y San Juan nos promete que así será: seremos como Dios, porque le conoceremos como Él es.

¿Y cómo es Dios? Es todo simultáneamente. Para Él no transcurre la existencia por periodos sucesivos. Sino que Él es todo simultáneamente en la perfección de su totalidad. Y nuestra propia existencia se parecerá a la de Dios. Naturalmente todo esto que he dicho no es parte del dogma, en cuanto a las explicaciones. Quien quiera quedarse simplemente con la prudente afirmación de San Pablo: “que ni ojo vio, ni oído oyó, ni le cabe a nadie en la cabeza lo que Dios tiene guardado para los suyos”, hace muy bien. Esto es lo único que nos hace falta saber, que Dios puede hacer más que lo que nosotros podemos entender. Pero, por otra parte, la teología es la fe que busca entender, y esto me parece que puede ayudar a entender un poco qué es lo que nos promete nuestra revelación y nuestra fe. Ciertamente, como mínimo, debería uno quedarse muy prudentemente en actitud de expectativa, en decir: Dios puede hacer más que lo que puede el hombre entender.

Hay teólogos que hablan de estos temas con miedo a que se les tache de poco científicos si aceptan que Cristo de veras resucitó con un cuerpo que al mismo tiempo era capaz de comerse un trozo de pescado y, por otra parte, podía salir a través de una pared. Dicen: “no, eso no puede tomarse al pie de la letra, ya se ve que eso no es materia, si hace esto…” Contestaría sugiriendo un estudio básico de Física moderna para convencerse de que no es tan extraño ni tan imposible como parece. La materia es mucho más flexible y mucho más maravillosa de lo que se piensa.

Por último me referiré al problema de preguntarnos: ¿con qué cuerpo volvemos a la vida: con el que teníamos de viejos, cuando nos morimos, el de jóvenes…, cuál? ¿Y qué pasa con los trasplantes quirúrgicos? ¿A quién le toca entonces ese hígado, ese riñón? Me parece que la idea antes expuesta de la falta de individualidad de las partículas elementales puede también jugar aquí un papel importante.

Si hay en el océano una ola ¿puedo decir que esa ola es ésta u otra que pasa por el mismo sitio, con la misma intensidad? ¿Cuál es la ola, el agua que se ha movido, y que luego se ha quedado quieta, o ese movimiento? No tiene sentido preguntárselo ¿verdad?

Pues la materia puede no ser más que eso: ondulaciones en ese vacío físico a que me refería. ¿Cuál es mi cuerpo, el que tengo ahora, el que tenía ayer, el que tenía hace quince días? Las partículas del cuerpo van cambiando día a día, momento a momento. Mi cuerpo es ese conjunto de materia que está, hablando simbólicamente, hecho a medida para mi espíritu.

El hombre es un “compuesto de alma y cuerpo”. No son dos realidades yuxtapuestas, pero totalmente independientes, sino que la una está hecha para la otra. El alma está hecha para estar unida al cuerpo. El alma no es un ángel al que han encerrado en un trozo de materia. El alma no está hecha para existir sola, como lo está un ángel. Está hecha para existir unida a la materia, y el alma es la que da una estructuración a la materia que le hace ser mi cuerpo. El alma es, al mismo tiempo, el principio vital, el principio directriz de todas mis actividades.

Incluso podemos decir biológicamente que mi cuerpo es una colección de animalitos, porque cada una de las células de mi cuerpo es un bichito al que puedo extraer con un bisturí y ponerlo en un cultivo y vive tranquilamente bajo un microscopio durante años. Y, sin embargo, el conjunto es mi cuerpo. Cada célula de la sangre parece actuar por su cuenta, en cuanto uno puede observar con el microscopio. Pero el conjunto de todos esos miles de millones de células soy yo.

Así que el exigir que mi cuerpo tenga este átomo, con éste al lado… es pueril. Mi cuerpo es intercambiable, en cuanto a su materia, de un día para otro; es intercambiable incluso respecto a órganos enteros, pero sigo siendo yo. ¿Por qué? Porque este conjunto de materia que está bajo el control de mi espíritu, de mi alma, eso es mi cuerpo. 

La materia, como hemos dicho, es mucho más maravillosa de lo que pensábamos y la estructuración del cuerpo es también mucho más profunda que simplemente la colocación de átomos determinados para que sea mi cuerpo.

Cristo Resucitado es la razón de nuestra fe y nuestra esperanza. Por donde Él ha ido, esperamos ir también nosotros. La muerte ya no tiene poder alguno sobre Él; y su victoria es nuestra victoria, de nuestro espíritu, y también de nuestro cuerpo. Esta es la promesa inimaginable hecha a los hijos de Dios.

Manuel Carreira (1931-2020), sacerdote jesuita, astrofísico y filósofo

lunes, 9 de febrero de 2026

DIOS EXISTE (Antony Flew)



El filósofo y famoso promotor del ateísmo Antony Flew creyó a los 81 años... y escribió «Dios existe» Los nuevos hallazgos de la ciencia cambiaron su punto de vista. El problema del mal en el mundo, entre otros, fue la razón de su ateísmo.

Pero Flew cambió de opinión a medida que estudiaba más biología, se dio cuenta que la evidencia apoyaba la existencia de una inteligencia creadora, y que el azar y la necesidad o el mero materialismo no eran suficientes para explicar la complejidad del mundo. Los ateos lo acusaron de "senilidad", sin pruebas médicas que acreditasen nada. Desde luego esto no deja en buen lugar a los ateos, que por no reconocer nada en favor de Dios, acusan de senil a Antony Flew; es muy injusto. 

Esto fue lo que escribió en sus últimos años, si alguien piensa que esto lo ha escrito un hombre senil, es que no ha conocido a muchas personas seniles en sus vidas:

 "Dos factores fueron especialmente decisivos. Uno fue mi creciente empatía con la idea de Einstein y de otros científicos notables de que tenía que haber una Inteligencia detrás de la complejidad integrada del universo físico. 

El segundo era mi propia idea de que la complejidad integrada de la vida misma —que es mucho más compleja que el universo físico— solo puede ser explicada en términos de una fuente inteligente. Creo que el origen de la vida y de la reproducción sencillamente no pueden ser explicados desde una perspectiva biológica, a pesar de los numerosos esfuerzos para hacerlo. 

Con cada año que pasa, cuanto más descubrimos de la riqueza y de la inteligencia inherente a la vida, y menos posible parece que una sopa química pueda generar por arte de magia el código genético. Se me hizo palpable que la diferencia entre la vida y la no-vida era ontológica y no química. La mejor confirmación de este abismo radical es el cómico esfuerzo de Richard Dawkins para aducir en "El espejismo de Dios" que el origen de la vida puede atribuirse a un “azar afortunado”. Si este es el mejor argumento que se tiene, entonces el asunto queda zanjado. No, no escuché ninguna voz. Fue la evidencia misma la que me condujo a esta conclusión."

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Siempre hay esperanza, Dios no se cansa nunca de buscar.

viernes, 6 de febrero de 2026

EL CRISTIANO VIVE UNA RELACIÓN PERSONAL CON DIOS


El cristiano tiene una relación personal con un Dios vivo: Jesucristo, por eso cuando una persona encuentra a Dios en su alma, ya nada puede hacerlo desistir de esta realidad. Dios es trascendental y no se puede demostrar con evidencias materiales, esto no lo comprenden los ateos y piden pruebas una y otra vez, pero ¿cómo pruebas que estás enamorado de alguien? 

Podemos dar razón de nuestra fe a través de las cosas creadas y de las Sagradas Escrituras, pero no podemos demostrar nuestra relación personal con Dios, no podemos bajar al plano material a un Dios trascendental y sobrenatural.

Esta es la excusa del ateo, pedir pruebas materiales, ¿por qué no suben ellos a lo trascendental para buscarlo? ¿por qué no rezan? ellos dicen que no rezan porque es inútil, pero ¿qué saben ellos? no pasa nada con probar, sin embargo no lo harán, porque algo en su interior sabe que van a encontrarse con "algo" que prefieren evitar.

La fe es un don, y cuando Dios se manifiesta, lo hace exclusivamente con cada uno, porque no hay dos individuos iguales, lo hace de manera particular, no en "modo manada", el creyente simplemente ha descubierto a Dios.

Los ateos lo llaman "amigo imaginario", ése es su problema, no el del creyente que sabe muy bien y tiene la certeza de que se está relacionando con Dios, que habita en todas las almas, lo que pasa es que algunos lo descubren, unos pronto y otros más tarde como lo expresaba tan bellamente San Agustín:

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por de fuera te buscaba...

Otros, desgraciadamente no lo ven nunca porque han embotado su corazón y su mente y no QUIEREN ver nada más de lo que tienen delante de sus narices, quieren ser tan "racionales" que caen en su misma trampa y esa "razón" los tiene esclavos e incapaces para aceptar algo sobrenatural a pesar de todas las pruebas sobrenaturales que ha habido en el mundo, como curaciones milagrosas constatadas, milagros Eucarísticos, santos estigmatizados, santos incorruptos, apariciones marianas etc...a todo dicen que es mentira, que son ilusiones, que es manipulación, pero en realidad es una ceguera consciente, porque todos los casos que se presentan están más que estudiados por gente de fe y también por laicos no creyentes. Ningún milagro es aprobado sin una constatación médica y científica. Muchas veces, ante tanta evidencia muchos ateos han tenido que optar por reconocer estas realidades, como el médico ateo Alexis Carrel que se convirtió a Dios después de ver a una moribunda recobrar la salud en unas pocas horas al recibir el agua milagrosa del santuario de Lourdes.


 A  algunos ateos parece que les da coraje que el creyente haya encontrado a Dios y tenga una relación de amistad con Él, por eso le ataca con todo tipo de improperios usando para ellos comparaciones a cada cual más cruel y ridícula.

El caso es que el creyente vive una relación personal con Dios.

Para ilustrar esto, se han hecho experimentos que han constatado cómo viven su fe los creyentes.

Este experimento no demuestra la existencia de Dios, solo aclara que el creyente no vive una fe ciega como un robot creyendo en Dios como si fuera Spiderman o un personaje inanimado, sino que tiene una relación con Dios como si fuera una persona viva.

Uffe Schjødt, de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), vio que durante el rezo el cerebro premia con una sensación de bienestar a las personas creyentes que practican su religión, que cumplen sus normas y que hablan con su dios.

En su investigación, Schjødt usó un escáner de resonancia magnética para analizar el cerebro de 20 cristianos devotos. Los sujetos eran 20 jóvenes sanos (6 hombres y 14 mujeres), de entre 21 y 32 años de edad, sin enfermedades psiquiátricas o neurológicas conocidas.

Los investigadores pidieron a los voluntarios que pronunciaran una canción de cuna, sin ese significado místico, y una petición mental de regalos a Santa Claus.

El resultado fue que “rezar a Dios es una experiencia intersubjetiva comparable a una interacción normal entre dos personas”.

Dos de las regiones que se activaron procesan las cosas que deseamos y valoran cómo otro individuo, en este caso Dios, puede reaccionar a nuestras acciones. También se vio activación en la corteza prefrontal, que es clave en la teoría de la mente. Se encarga, entre otras funciones, de la evaluación de la realidad y el juicio crítico. Es muy interesante que, en el caso de las peticiones a Santa Claus, esta zona permanecía inactiva. Esto sugiere que los voluntarios creyentes veían al barbudo de traje rojo como un ser ficticio, pero a Dios como un individuo real.

Estudios previos han demostrado que la corteza prefrontal no se activa cuando las personas interaccionan con un ser inanimado, como un personaje de un juego de ordenador. 

Para Schjødt, estas áreas cerebrales no se activan porque no se espera reciprocidad ni se considera necesario pensar sobre las intenciones del personaje digital. Él decía que estos resultados muestran que las personas creyentes piensan que están hablando con alguien real cuando rezan.

Al final, como dice Robin Dunbar, de la Universidad de Oxford, el estudio no prueba ni la existencia ni la inexistencia de Dios sino que nuestra actividad cerebral es diferente según nuestras creencias.

LOS ATEOS NO CREEN EN DIOS PORQUE NO LO CONOCEN

  Gran parte de la crítica atea moderna se basa en una comprensión equivocada de Dios como la instancia suprema dentro de la categoría del s...